El Día Internacional de las Lenguas de Señas celebra la diversidad lingüística visual y promueve derechos, inclusión y accesibilidad para ...
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| El Día Internacional de las Lenguas de Señas celebra la diversidad lingüística visual y promueve derechos, inclusión y accesibilidad para personas sordas. |
El Día Internacional de las Lenguas de Señas fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la resolución A/RES/72/161, aprobada por consenso el 19 de diciembre de 2017. La decisión fijó el 23 de septiembre de cada año como fecha internacional para promover el conocimiento de las lenguas de señas y su relación con los derechos humanos de las personas sordas. La primera celebración oficial tuvo lugar el 23 de septiembre de 2018.
La resolución de 2017 no creó las lenguas de señas ni estableció una lengua universal. Su alcance fue institucional y político: reconoció la necesidad de aumentar la conciencia pública sobre estas lenguas y vinculó su utilización con el ejercicio efectivo de derechos fundamentales. El documento también destacó que las lenguas de señas son lenguas naturales con estructuras propias y diferentes de las lenguas habladas.
La fecha del 23 de septiembre fue seleccionada porque coincide con la creación de la Federación Mundial de Sordos en 1951. Esta organización internacional había impulsado ante las Naciones Unidas la proclamación de una jornada específica dedicada a las lenguas de señas. La propuesta fue patrocinada por la Misión Permanente de Antigua y Barbuda y recibió el copatrocinio de 97 Estados miembros de las Naciones Unidas.
La resolución aprobada por la ONU el 19 de diciembre de 2017
El proceso institucional culminó durante el 72.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La resolución A/RES/72/161 fue adoptada durante la 73.ª sesión plenaria, celebrada el 19 de diciembre de 2017. El texto estableció que el Día Internacional de las Lenguas de Señas debía observarse anualmente a partir de 2018.
La resolución fue precedida por la aprobación del proyecto en la Tercera Comisión de la Asamblea General el 16 de noviembre de 2017. La iniciativa procedía de una propuesta promovida por la Federación Mundial de Sordos y posteriormente presentada en el ámbito de las Naciones Unidas mediante Antigua y Barbuda. El proceso muestra que la proclamación fue resultado de una iniciativa internacional vinculada directamente con organizaciones de personas sordas.
El documento de Naciones Unidas establece tres elementos centrales. Primero, proclama el 23 de septiembre como fecha internacional. Segundo, invita a los Estados miembros, organismos del sistema de Naciones Unidas, organizaciones internacionales y sociedad civil a realizar actividades de sensibilización. Tercero, alienta a los Estados a adoptar medidas para aumentar el conocimiento de las lenguas de señas en el conjunto de la sociedad.
La resolución también incorpora una consideración lingüística que resulta fundamental para comprender el alcance de la decisión. Las lenguas de señas son reconocidas como lenguas naturales completas y estructuralmente diferenciadas de las lenguas orales. Por tanto, el documento internacional no las presenta únicamente como herramientas auxiliares de comunicación, sino como sistemas lingüísticos con características propias.
Por qué el 23 de septiembre está vinculado con 1951
La elección del 23 de septiembre está relacionada con un acontecimiento ocurrido décadas antes de la resolución de Naciones Unidas. El 23 de septiembre de 1951 fue fundada la Federación Mundial de Sordos, organización que posteriormente se convirtió en uno de los principales actores internacionales en la defensa de los derechos lingüísticos de las personas sordas.
La Federación Mundial de Sordos señala que reúne a asociaciones nacionales de personas sordas y desarrolla actividades relacionadas con los derechos humanos, el reconocimiento de las lenguas de señas y la participación de las comunidades sordas. La ONU identifica a la organización como promotora de la iniciativa que condujo a la proclamación del Día Internacional de las Lenguas de Señas.
La fecha también conecta la conmemoración con una trayectoria internacional de organización social. La Semana Internacional de las Personas Sordas comenzó a celebrarse en septiembre de 1958 y posteriormente se consolidó como un espacio internacional de promoción de derechos y visibilidad de las comunidades sordas. La proclamación de 2017 incorporó el Día Internacional de las Lenguas de Señas a esa trayectoria institucional.
Por esta razón, 2017 debe entenderse como el año de reconocimiento formal por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas y no como el origen de la celebración anual. El primer Día Internacional de las Lenguas de Señas se conmemoró en 2018, después de la aprobación de la resolución. Esta distinción cronológica evita atribuir a 2017 una celebración que comenzó oficialmente al año siguiente.
Más de 300 lenguas de señas forman parte de la diversidad lingüística
Las lenguas de señas no constituyen un único sistema utilizado por todas las personas sordas del mundo. La información difundida por Naciones Unidas a partir de datos de la Federación Mundial de Sordos señala la existencia de más de 300 lenguas de señas utilizadas por comunidades de distintos países y regiones. La cifra evidencia una diversidad lingüística comparable, en términos conceptuales, con la existencia de múltiples lenguas habladas.
La diferencia entre una lengua nacional de señas y la denominada lengua de señas internacional también es relevante. Naciones Unidas explica que las lenguas nacionales son lenguas naturales plenamente desarrolladas, mientras que la lengua de señas internacional se utiliza principalmente en determinados contextos internacionales, incluidos encuentros entre personas sordas de diferentes países. Esta última presenta características distintas y un repertorio léxico más limitado.
En consecuencia, aprender una lengua de señas no significa adquirir una traducción visual palabra por palabra de una lengua oral. Cada lengua de señas posee estructuras lingüísticas propias y puede presentar variaciones regionales, históricas y sociales. Esta característica explica por qué la resolución de 2017 utiliza el concepto de diversidad lingüística y cultural al referirse a su preservación.
La dimensión demográfica también ayuda a contextualizar la decisión internacional. La Federación Mundial de Sordos y Naciones Unidas sitúan en aproximadamente 70 millones el número de personas sordas en el mundo, mientras que documentos de Naciones Unidas publicados posteriormente han utilizado una cifra aproximada de 72 millones. Más del 80 por ciento de las personas sordas se encuentran en países en desarrollo, según los datos citados por Naciones Unidas.
La Convención sobre Discapacidad ya reconocía derechos lingüísticos
La proclamación de 2017 se incorporó a un marco jurídico internacional que ya reconocía derechos relacionados con la comunicación y las lenguas de señas. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, adoptada por Naciones Unidas en 2006, contiene disposiciones específicas sobre comunicación accesible, educación, participación social y utilización de lenguas de señas.
El artículo 21 de la Convención establece obligaciones relacionadas con la libertad de expresión y el acceso a la información. Entre ellas figura la obligación de facilitar el uso de las lenguas de señas en las interacciones oficiales y promover su utilización. También contempla la accesibilidad de la información proporcionada por entidades privadas que ofrecen servicios al público y la accesibilidad de los medios de comunicación.
La relación con la educación también está contemplada dentro de la Convención. El instrumento internacional incluye un artículo específico dedicado al derecho a la educación y forma parte de un sistema más amplio de obligaciones destinadas a garantizar la participación de las personas con discapacidad en condiciones de igualdad. En este marco, el acceso lingüístico no puede analizarse de manera aislada de la educación, la información y la participación social.
La Convención también aborda la participación en la vida cultural. Su artículo 30 establece que los Estados deben adoptar medidas para que las personas con discapacidad puedan participar en igualdad de condiciones en la vida cultural y acceder a materiales culturales en formatos accesibles. El mismo artículo incluye expresamente actividades como televisión, cine, teatro, museos, bibliotecas y otros espacios culturales.
El acceso temprano a la lengua de señas aparece como un factor educativo
La resolución A/RES/72/161 establece una relación directa entre el acceso temprano a las lenguas de señas y el desarrollo de las personas sordas. El documento señala que el acceso temprano a la lengua de señas y a servicios proporcionados mediante ella, incluida una educación de calidad, resulta vital para el crecimiento y desarrollo de la persona sorda.
Esta consideración desplaza el debate desde una perspectiva exclusivamente asistencial hacia una cuestión relacionada con derechos lingüísticos y educativos. El acceso a una lengua permite desarrollar procesos de comunicación, adquirir conocimientos y participar en contextos familiares, escolares, culturales e institucionales. Por ello, la resolución vincula la disponibilidad de servicios lingüísticos con objetivos internacionales de desarrollo.
El reconocimiento internacional también tiene implicaciones para los sistemas educativos. Una política de inclusión lingüística requiere considerar la formación de docentes, la disponibilidad de intérpretes cuando corresponda, materiales educativos accesibles y condiciones que permitan a los estudiantes sordos recibir educación mediante una lengua que puedan utilizar de manera efectiva. Estas cuestiones se relacionan con las obligaciones generales de accesibilidad y educación establecidas en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
El concepto de acceso temprano utilizado por Naciones Unidas también diferencia entre reconocer formalmente una lengua y garantizar condiciones reales para utilizarla. Una declaración institucional puede establecer un derecho, pero su ejercicio depende de políticas públicas, servicios educativos, disponibilidad de información y eliminación de barreras de comunicación. La resolución de 2017 sitúa estos elementos dentro de la discusión internacional sobre derechos de las personas sordas.
Lenguas de señas, identidad cultural y participación social
La dimensión lingüística de las lenguas de señas está vinculada con una dimensión cultural. Naciones Unidas señala que su preservación forma parte de la diversidad lingüística y cultural. Esto significa que las políticas relacionadas con las personas sordas no se limitan a proporcionar mecanismos de comunicación, sino que también deben considerar la preservación de las lenguas utilizadas por sus comunidades.
La identidad lingüística adquiere particular relevancia en contextos donde una comunidad desarrolla prácticas culturales mediante una lengua propia. La ONU reconoce que las lenguas de señas tienen el mismo estatus lingüístico que las lenguas habladas dentro del marco de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y destaca la obligación de facilitar su aprendizaje y promover la identidad lingüística de las comunidades sordas.
La participación cultural constituye otra dimensión concreta. El artículo 30 de la Convención establece que las personas con discapacidad deben poder acceder a actividades y materiales culturales en formatos accesibles. En el caso de las personas sordas, esta disposición puede involucrar recursos en lengua de señas, interpretación y otras medidas de accesibilidad comunicativa en espacios culturales y educativos.
El enfoque internacional también incorpora el principio de participación de las propias comunidades sordas en las decisiones que las afectan. La resolución de 2017 recoge el principio conocido como nada sobre nosotros sin nosotros, al señalar que debe ser considerado e integrado cuando se trabaja con comunidades sordas. El criterio conecta la política lingüística con la participación directa de las personas destinatarias de esas políticas.
Qué estableció realmente el Día Internacional desde 2018
El resultado de la decisión adoptada en 2017 fue establecer una fecha anual de alcance internacional para aumentar la conciencia sobre las lenguas de señas y su relación con los derechos humanos. La Asamblea General no creó una lengua común ni sustituyó las políticas lingüísticas nacionales. Su resolución pidió a los Estados y organizaciones internacionales promover actividades destinadas a elevar el conocimiento público sobre estas lenguas.
La primera celebración se realizó el 23 de septiembre de 2018, dentro de la Semana Internacional de las Personas Sordas. Naciones Unidas indicó que esa primera conmemoración utilizó como eje la inclusión mediante las lenguas de señas y destacó la existencia de más de 300 lenguas de señas y de aproximadamente 72 millones de personas sordas según las cifras difundidas entonces.
Desde entonces, el 23 de septiembre funciona como una jornada internacional vinculada con el reconocimiento lingüístico, la accesibilidad, la educación y los derechos humanos. La ONU continúa señalando que las lenguas de señas son lenguas naturales estructuralmente diferenciadas de las lenguas habladas y que su reconocimiento forma parte de las obligaciones internacionales relacionadas con las personas sordas.
La secuencia histórica puede establecerse con precisión: la Federación Mundial de Sordos fue fundada el 23 de septiembre de 1951; la Semana Internacional de las Personas Sordas comenzó en 1958; la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad fue adoptada en 2006; la propuesta para establecer el Día Internacional de las Lenguas de Señas llegó a la Asamblea General en 2017; la resolución A/RES/72/161 fue aprobada el 19 de diciembre de 2017; y la primera celebración internacional tuvo lugar el 23 de septiembre de 2018.
El significado institucional de 2017 se encuentra, por tanto, en el reconocimiento internacional de las lenguas de señas como parte de los derechos lingüísticos, culturales y comunicativos de las personas sordas. La resolución no representa el origen de estas lenguas, que existen y evolucionan dentro de comunidades concretas, sino un paso de reconocimiento político dentro del sistema de Naciones Unidas.
La evidencia normativa disponible permite relacionar el Día Internacional de las Lenguas de Señas con cuatro ámbitos concretos: derechos humanos, acceso a la información, educación y participación cultural. La resolución de 2017 y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establecen el marco internacional, mientras que la aplicación práctica depende de las medidas adoptadas por cada Estado y de la participación efectiva de las comunidades sordas.
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