Venezuela y Estados Unidos mantienen un intercambio comercial clave marcado por la infraestructura petrolera, licencias de exención y logíst...
Comercio bilateral entre Estados Unidos y Venezuela
El intercambio comercial entre Estados Unidos y Venezuela constituye un eje transaccional fundamentado en la complementariedad geográfica, el desarrollo de infraestructura industrial pesada y un entramado normativo bilateral iniciado formalmente el 20 de enero de 1836 mediante el Tratado de Paz, Amistad, Navegación y Comercio. A lo largo de 190 años de relaciones formales, la dinámica mercantil mutó desde una estructura basada en bienes agrícolas de exportación primaria hacia una integración energética caracterizada por la extracción de crudos pesados, refinación especializada en la Costa del Golfo de Estados Unidos y complejos flujos de capital. La evolución de este flujo abarca decisiones soberanas de nacionalización, litigios arbitrales internacionales, la implementación de regímenes de sanciones financieras y la posterior operatividad bajo licencias de exención emitidas por las autoridades reguladoras norteamericanas.
Evolución histórica y transición del modelo agroexportador a la era petrolera
El marco legal establecido en 1836 formalizó las operaciones aduaneras que previamente se ejecutaban al amparo del Tratado Anderson-Gual de 1824, suscrito durante el periodo republicano de la Gran Colombia. Durante la totalidad del siglo XIX y las primeras dos décadas del siglo XX, la balanza comercial se sostuvo sobre la exportación de rubros agrícolas venezolanos hacia puertos receptores de la costa este de Estados Unidos, destacando Nueva York, Filadelfia y Baltimore. Los registros consulares de 1885 documentan que el mercado estadounidense absorbía el 34 % del volumen total del café venezolano, situando las ventas anuales por encima de las 25.000 toneladas métricas, complementadas por envíos regulares de cacao en grano, cueros vacunos, añil y maderas duras.
A partir de la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 1920 y tras el reventón del pozo Barroso II en la cuenca del Lago de Maracaibo en 1922, la composición del comercio bilateral experimentó una reestructuración acelerada. La entrada de corporaciones energéticas de origen estadounidense, entre las que destacaron Standard Oil de New Jersey (posteriormente Exxon), Gulf Oil y Texaco, transformó la matriz de exportaciones. Para 1930, el petróleo crudo representaba más del 80 % del valor total exportado por Venezuela hacia territorio estadounidense. Esta corriente de exportación fue correspondida por importaciones masivas de maquinaria pesada, tubería de acero sin costura, equipos de perforación rotativa, insumos farmacéuticos y vehículos automotores, consolidando a Estados Unidos como el origen de más del 50 % de los bienes manufacturados procesados en las aduanas de La Guaira y Puerto Cabello.
Compatibilidad técnica de refinación y logística en la Costa del Golfo
La relación comercial energética se consolidó técnicamente debido a la especificidad físico-química de los crudos extraídos en las cuencas venezolanas y la arquitectura industrial desarrollada en el Golfo de México. El crudo pesado y extrapesado proveniente de la Faja Petrolífera del Orinoco, con densidades que oscilan entre 8 y 16 grados API y un contenido de azufre superior al 3 % en peso, requirió la adaptación de unidades de coquización retardada (delayed coking) y desulfuración en el parque industrial refinador estadounidense. Refinerías como Lake Charles en Luisiana y Corpus Christi en Texas, integradas posteriormente al patrimonio de Citgo Petroleum Corporation —filial de la estatal Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima adquirida entre 1986 y 1990—, diseñaron sus esquemas de procesamiento para consumir esta dieta de crudo pesado.
Esta integración industrial generó un circuito cerrado de alta eficiencia logística. El tiempo de tránsito marítimo entre los terminales de embarque de Puerto La Cruz o Jose en Venezuela y las refinerías de Texas y Luisiana es de entre cuatro y seis días navegación en buques cisterna tipo Aframax y Suezmax. Esta proximidad geográfica otorgó una ventaja de flete estimada en entre 1,50 y 2,50 dólares por barril en comparación con los suministros competidores provenientes de Oriente Medio. Adicionalmente, el esquema operativo exigía una corriente de importación inversa: Venezuela requería la compra continua de nafta pesada y condensados de origen estadounidense (con densidades superiores a 50 grados API) para ser utilizados como diluyentes en las estaciones de flujo del Orinoco, permitiendo la disminución de viscosidad del crudo para su bombeo por oleoductos.
Nacionalización, inversiones y litigios arbitrales en el CIADI
La promulgación de la Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos en 1975, en vigor desde el 1 de enero de 1976, significó la estatización de las concesiones petroleras y la creación de la empresa estatal venezolana. Las corporaciones estadounidenses afectadas recibieron indemnizaciones fijadas mediante acuerdos bilaterales sobre el valor neto en libros de los activos, sumando compensaciones por un estimado de 1.000 millones de dólares de la época. A pesar del cambio en la propiedad de los activos extractivos, las relaciones comerciales se mantuvieron operativas mediante contratos de asistencia técnica y acuerdos de comercialización de largo plazo.
La Apertura Petrolera de la década de 1990 reintrodujo esquemas de asociación estratégica bajo la figura de Convenios de Asociación en la Faja del Orinoco, involucrando a firmas como ConocoPhillips, ExxonMobil y Chevron. Sin embargo, el decreto de nacionalización N.º 5.200 de febrero de 2007 modificó la participación accionaria obligando a la estatal venezolana a poseer al menos el 60 % de las empresas mixtas. La negativa de ExxonMobil y ConocoPhillips a aceptar las nuevas condiciones derivó en la expropiación de sus participaciones en los proyectos Cerro Negro, La Hamaca y Petrozuata. Esto desencadenó demandas ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) e instancias de la Cámara de Comercio Internacional (CCI). Las decisiones arbitrales emitidas por el CIADI fijaron indemnizaciones que superaron los 8.000 millones de dólares en favor de ConocoPhillips y más de 1.600 millones de dólares para ExxonMobil, incidiendo directamente en el balance patrimonial y la liquidez de la empresa estatal venezolana en los mercados financieros internacionales.
Análisis cuantitativo de la balanza comercial y volumen energético
El volumen económico del comercio entre ambas naciones registró su punto más alto durante el ciclo alcista de los precios de los hidrocarburos entre 2004 y 2014. De acuerdo con los registros históricos de la Oficina del Censo de los Estados Unidos y la Administración de Información de Energía (EIA), el valor total del comercio bilateral alcanzó un pico histórico de 56.800 millones de dólares en el año 2008, con una balanza favorable a Venezuela sostenida por exportaciones de petróleo que superaron los 41.000 millones de dólares. En ese periodo, Venezuela despachaba de manera constante una cifra promedio de entre 1.000.000 y 1.200.000 barriles diarios de crudo hacia puertos de procesamiento estadounidenses.
Hacia el año 2014, el intercambio total se ubicaba en 41.300 millones de dólares, distribuidos en 30.200 millones de dólares en exportaciones venezolanas hacia Estados Unidos y 11.100 millones de dólares en importaciones de origen estadounidense. El desplome de los precios internacionales del crudo en el segundo semestre de 2014, combinado con la contracción en los niveles de producción de la industria petrolera venezolana —que cayó de 2,4 millones de barriles diarios en 2014 a menos de 1,4 millones en 2018—, provocó una reducción de los ingresos por ventas. Para el año 2018, antes de la imposición de sanciones directas al sector petrolero, el comercio bilateral global se había reducido a 13.900 millones de dólares.
Marco regulatorio de sanciones y régimen de exención mediante licencias OFAC
La estructura legal del comercio bilateral sufrió una transformación coercitiva con la emisión de la Orden Ejecutiva 13808 en agosto de 2017 y la posterior Orden Ejecutiva 13850 en enero de 2019 por parte del Ejecutivo de los Estados Unidos. La inclusión de la estatal petrolera venezolana en la Lista de Nacionales Especialmente Designados y Personas Bloqueadas (Lista SDN) de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) prohibió de forma directa a personas y entidades estadounidenses realizar transacciones comerciales o financieras con la petrolera estatal. Esta medida paralizó el flujo de exportaciones de crudo hacia la Costa del Golfo de Estados Unidos, reduciendo los despachos a cero barriles diarios en mayo de 2019, e interrumpió el suministro de diluyentes químicos estadounidenses hacia las plantas de mezcla en Venezuela.
La operatividad comercial se reconfiguró mediante el uso de autorizaciones administrativas conocidas como Licencias Generales expedidas por el Departamento del Tesoro. En noviembre de 2022, la OFAC emitió la Licencia General 41, autorizando a la corporación estadounidense Chevron a reanudar operaciones de extracción y exportación de crudo a través de sus empresas mixtas en Venezuela (Petroboscán, Petropiar, Sinovensa y Petroindependencia). Bajo este marco técnico, el crudo exportado debe ser enviado exclusivamente a refinerías en Estados Unidos, prohibiéndose el pago directo de regalías e impuestos en divisas en efectivo a la entidad estatal venezolana, destinándose los recursos a la amortización de la deuda acumulada por la estatal con la petrolera estadounidense, estimada en más de 3.000 millones de dólares. Posteriormente, se han emitido licencias específicas a empresas europeas y de servicios petroleros como Halliburton, Schlumberger, Baker Hughes y Weatherford (Licencia General 8).
Dinámica comercial no petrolera y estructura logística del sector privado
A la par de las fluctuaciones en el sector hidrocarburos, el intercambio de mercancías entre los sectores privados de ambas economías ha operado mediante cadenas de suministro adaptadas a los marcos normativos vigentes. El estado de Florida concentra el eje logístico del comercio no petrolero, siendo los puertos de Miami, Port Everglades y el Puerto de Jacksonville los puntos de embarque para más del 70 % de la carga consolidada hacia Venezuela. Las importaciones venezolanas provenientes del sector privado estadounidense comprenden maíz blanco y amarillo, soya, trigo duro, repuestos automotrices, resinas plásticas de polietileno, equipos de computación, maquinaria agrícola y rubros médicos de alta tecnología.
En sentido inverso, la oferta exportable no petrolera de Venezuela hacia el mercado estadounidense se concentra en rubros tradicionales con ventaja comparativa y manufactura pesada básica. Datos aduaneros señalan flujos continuos en envíos de mariscos congelados, destacando el camarón blanco de cultivo (Penaeus vannamei) y el cangrejo azul (Callinectes sapidus) procesado en la cuenca del Lago de Maracaibo, los cuales generan divisas por montos superiores a los 60 millones de dólares anuales. Asimismo, las ventas abarcan volúmenes de aluminio primario en lingotes, hierro de reducción directa (briquetas), ron añejo con denominación de origen, cacao fino de aroma en grano y lotes de café de especialidad procesados por el sector agroindustrial privado.
Reconfiguración comercial en el quinquenio 2021-2026 y proyecciones estructurales
Entre los años 2021 y 2026, el volumen del comercio bilateral ha mostrado una senda de recuperación gradual determinada por la flexibilización reglamentada del sector hidrocarburos y la estabilización de los canales logísticos privados. De acuerdo con los datos compilados por la Cámara Venezolano-Americana de Comercio e Industria (VenAmCham) y la Oficina del Censo de Estados Unidos, el intercambio comercial total ascendió de 2.080 millones de dólares en 2022 a 6.040 millones de dólares al cierre del ejercicio fiscal 2023. Esta cifra representó un crecimiento superior al 190 %, impulsado fundamentalmente por la reanudación de las exportaciones petroleras operadas bajo la Licencia General 41.
Durante los años 2024 y 2025, el volumen de exportación de crudo venezolano procesado en refinerías de Luisiana y Texas se estabilizó en promedios oscilantes entre los 180.000 y 230.000 barriles diarios. Las cifras del comercio global entre ambos países alcanzaron un valor consolidado aproximado de 8.500 millones de dólares al término de 2025. El desarrollo de esta relación económica evidencia que la interdependencia técnica entre los campos de extracción de la cuenca del Orinoco y los complejos de refinación del Golfo de México, aunada a la proximidad geoeconómica del Caribe, continúa configurando la arquitectura mercantil bilateral independientemente de las alteraciones normativas y políticas vigentes a lo largo de casi dos siglos de historia compartida.
