Origen historico de la manifestacion en la Hacienda Casarapa La Parranda de San Juan Bautista de Guarenas tiene sus orígenes entre los s...
Origen historico de la manifestacion en la Hacienda Casarapa
La Parranda de San Juan Bautista de Guarenas tiene sus orígenes entre los siglos XVIII y XIX en la Hacienda Casarapa, una de las unidades productoras de caña de azúcar más importantes de la región mirandina. Registros orales y documentales señalan que la festividad se consolidó en un contexto marcado por la relación entre hacendados, peones y población esclavizada. En este espacio surgieron prácticas rituales vinculadas al 24 de junio, fecha que los hacendados destinaban a la preparación de los festejos religiosos y que, según testimonios recopilados por investigadores patrimoniales, se convirtió en un día de descanso para los esclavos, quienes aprovechaban para tocar tambor, bailar y componer estrofas que relataban sus vivencias.
La tradición se desarrolló inicialmente en el Caserío Sal Si Puede, sector donde residían los peones de la hacienda. Allí se realizaban velorios, cantos y toques con huacales que funcionaban como tambores improvisados. Estas prácticas se efectuaban desde la noche del 23 de junio hasta el amanecer del día siguiente. La capilla de la hacienda, utilizada para el velorio de la Cruz de Mayo, se convirtió en uno de los primeros espacios de veneración al santo.
En 1916, los hermanos José María y Antonio Cartaya Trujillo asumieron la administración de la hacienda. Dos décadas después, en 1936, Antonio Cartaya trajo desde Italia la imagen de San Juan Bautista que permanece resguardada en la capilla hasta la actualidad. Este hecho consolidó la estructura ritual de la manifestación y permitió su continuidad en el tiempo.
Transmision familiar y expansion de la tradicion en Guarenas
La transmisión de la tradición estuvo estrechamente vinculada a familias que residían en la hacienda. Entre ellas destacan los Gutiérrez, Díaz, Roja y Espinoza, cuyos descendientes mantuvieron viva la manifestación al trasladarse al casco central de Guarenas. Pablo Gutiérrez, nacido en 1910 y peón de la hacienda, se convirtió en uno de los sanjuaneros más representativos. Junto a su esposa Petra Díaz, trasladó la tradición al Callejón La Pelota entre las décadas de 1960 y 1970.
En el sector La Mochila, Gutiérrez y Díaz conocieron a Lisandra Arteaga, cultora que realizaba la manifestación con una imagen infantil del santo. Antes de fallecer, Arteaga confió la custodia de la imagen a Petra Díaz. Paralelamente, Gutiérrez adquirió una imagen adulta de San Juan Bautista, lo que dio origen a la unión de ambas representaciones en una sola parranda. Esta estructura se mantuvo durante décadas mediante recorridos, visitas a hogares, preparación de sancocho comunitario y asistencia a misa el 24 de junio.
Tras el fallecimiento de Gutiérrez y Díaz, la custodia de las imágenes se dividió entre familiares y cultores locales. El santo niño fue entregado a la cultora Flora Espinoza, mientras que la imagen adulta permaneció en la familia Gutiérrez. Giovanny Castro, hijo de Juanita Mora, asumió temporalmente la organización de la parranda hasta que la imagen regresó a Carlos Díaz, hijo de Pablo Gutiérrez, en el sector La Pelota.
Aportes investigativos de Jose Maestre y Yaritza Hernandez
Las investigaciones del doctor José Maestre, registradas en publicaciones como la Revista de Danzas Pedagógicas de 2004, señalan que la manifestación de San Juan Bautista de Guarenas se originó en el caserío Sal Si Puede y fue trasladada al pueblo por las familias Gutiérrez, Díaz, Roja y Espinoza. Este análisis se basa en testimonios, registros comunitarios y observación directa de la tradición.
La investigadora y cultora Yaritza Hernández ha documentado testimonios de habitantes de Casarapa, entre ellos la señora Luisa Claro, de 84 años, quienes relatan que la devoción al santo supera los dos siglos de antigüedad. Según estos testimonios, los festejos incluían banquetes comunitarios, toques de tambor y celebraciones que se extendían hasta el amanecer. Hernández también destaca la participación de cultores como Lisandra Arteaga, Pablo Gutiérrez y Flora Espinoza, quienes aprendieron la tradición en la hacienda y la trasladaron al centro de Guarenas.
Ambos investigadores coinciden en que la tradición se consolidó como un elemento identitario fundamental para la comunidad guarenera, articulando memoria histórica, prácticas rituales y transmisión intergeneracional.
Estructura ritual y practicas comunitarias de la festividad
La celebración inicia la noche del 23 de junio con cantos, rezos y toques de tambor. Durante la madrugada se realizan recorridos por sectores tradicionales, donde los devotos reciben a la imagen del santo en sus hogares. El 24 de junio, la comunidad acude al río para realizar actividades simbólicas y preparar alimentos colectivos, entre ellos el sancocho comunitario. Posteriormente, los participantes asisten a la misa en la iglesia local y continúan el recorrido por las calles.
La manifestación integra elementos musicales, coreográficos y rituales. Los tambores, tradicionalmente elaborados con materiales disponibles en la hacienda, acompañan cantos improvisados que relatan vivencias, agradecimientos y peticiones. La participación de niños, jóvenes y adultos garantiza la continuidad de la tradición y refuerza la cohesión comunitaria.
La estructura ritual también incluye la preparación de vestuarios, la ornamentación de espacios y la organización de reuniones familiares para instruir a nuevas generaciones. Estas prácticas han sido documentadas como mecanismos de preservación del patrimonio cultural inmaterial.
Reconocimiento UNESCO y consolidacion patrimonial
El 14 de diciembre de 2021, la Parranda de San Juan fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Este reconocimiento abarca diversas expresiones regionales, entre ellas la manifestación de Guarenas, cuya antigüedad y continuidad comunitaria han sido ampliamente documentadas. La declaratoria destaca la importancia de la tradición como expresión de identidad, memoria histórica y resistencia cultural.
La manifestación continúa activa gracias al trabajo de cultores como Carlos Díaz Gutiérrez, Yajaira Díaz, Douglas Rojas, Yaritza Hernández y el investigador José Maestre. Su labor se centra en la preservación de la tradición, la formación de nuevas generaciones y la documentación de prácticas rituales.
La continuidad de la parranda en sectores como La Pelota y Casarapa evidencia la vigencia de una tradición que ha logrado adaptarse a los cambios sociales sin perder su estructura esencial.
Sintesis analitica sobre el valor cultural de la parranda
La Parranda de San Juan Bautista de Guarenas constituye una manifestación cultural con más de dos siglos de continuidad documentada. Su origen en la Hacienda Casarapa, su transmisión familiar y su expansión hacia distintos sectores de la ciudad permiten reconstruir un proceso histórico basado en testimonios, registros comunitarios y estudios patrimoniales. La declaratoria UNESCO de 2021 refuerza su valor como expresión identitaria y como patrimonio cultural inmaterial.
El trabajo de cultores e investigadores ha permitido preservar la estructura ritual de la manifestación y garantizar su transmisión intergeneracional. La parranda se mantiene como un elemento central de la idiosincrasia guarenera, articulando memoria, comunidad y continuidad cultural.