Venezuela ante el desafío de la dolarización

Venezuela ante la dolarización: dólares y bolívares frente al Banco Central Venezuela vuelve a colocar la dolarización en el centro de su ...


Billetes de dólares estadounidenses sobre bolívares venezolanos en una oficina institucional con el logotipo del Banco Central de Venezuela al fondo.
Venezuela ante la dolarización: dólares y bolívares frente al Banco Central


Venezuela vuelve a colocar la dolarización en el centro de su debate económico. En agosto de 2026, el economista estadounidense Steve Hanke confirmó su participación como asesor del equipo político del diputado Antonio Ecarri en una propuesta para transformar el régimen monetario venezolano. La iniciativa plantea sustituir el bolívar por el dólar estadounidense y eliminar el papel del Banco Central de Venezuela como emisor de moneda. El planteamiento ha reabierto una discusión que Venezuela conoce desde hace años: si una economía que ya utiliza ampliamente el dólar debería dar el paso hacia una dolarización formal.

La participación de Hanke también ha generado una controversia institucional. Fortune informó inicialmente que el economista había sido incorporado como asesor especial en asuntos económicos, monetarios y energéticos. Posteriormente, el equipo de Ecarri aclaró que el contacto con Hanke se produjo a título personal y que trabaja como asesor de su equipo político. El pasado 21 de agosto de 2026, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, negó por su parte que el Parlamento como institución hubiera contratado al economista y anunció una investigación sobre la información difundida.

En este escenario, la propuesta se encuentra en una etapa de debate político y elaboración técnica. Ecarri ha anunciado su intención de llevarla formalmente a la Asamblea Nacional, mientras Hanke sostiene que trabaja en un proyecto de dolarización plena. El alcance definitivo de la iniciativa dependerá de su eventual discusión legislativa y de las decisiones que adopten las autoridades venezolanas.


Una economía que ya vive una dolarización de facto


La discusión no comienza desde cero. Durante los últimos años, el dólar estadounidense se ha convertido en una presencia habitual dentro de la economía venezolana. Comercios, empresas y consumidores utilizan la divisa para una parte importante de sus operaciones, mientras muchos precios se expresan directamente en dólares o se calculan tomando como referencia su cotización.

Esta situación se conoce como dolarización de facto. El término describe una economía en la que una moneda extranjera adquiere un papel relevante sin que el Estado haya abandonado oficialmente su propia moneda. Venezuela continúa utilizando el bolívar, pero el dólar funciona en numerosos ámbitos como unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor.

La diferencia entre esta realidad y una dolarización oficial es fundamental. En el sistema actual conviven el bolívar y el dólar. El Banco Central conserva sus funciones monetarias y el Estado mantiene la capacidad de emitir moneda nacional. Una dolarización plena cambiaría esa estructura: el dólar pasaría a ocupar formalmente el lugar central del sistema monetario y Venezuela renunciaría a la emisión de una moneda propia.

El propio Antonio Ecarri sostiene que Venezuela ya está dolarizada de hecho y que el problema afecta especialmente a quienes continúan recibiendo sus ingresos en bolívares, como trabajadores, maestros, enfermeros y pensionados.


¿Qué propone Steve Hanke?


Steve Hanke es profesor de Economía Aplicada en Johns Hopkins University y desde hace décadas trabaja sobre inflación, estabilización monetaria, sistemas cambiarios y dolarización. Su nombre ha estado vinculado a diferentes experiencias internacionales de reforma monetaria y a propuestas de sustitución de monedas nacionales.

En el caso venezolano, el proyecto que Hanke desarrolla junto con el equipo de Ecarri plantea una transformación profunda. La idea central consiste en sustituir el bolívar por el dólar estadounidense y retirar al Estado la capacidad de crear una moneda nacional para financiar sus necesidades. El diseño también contempla el cierre del Banco Central de Venezuela dentro del nuevo esquema monetario.

La lógica detrás de la propuesta parte de una premisa sencilla: si el Gobierno no puede emitir una moneda propia, tampoco puede utilizar la expansión monetaria como mecanismo para cubrir déficits fiscales. La disciplina presupuestaria dejaría de depender únicamente de la voluntad política y estaría acompañada por una restricción monetaria mucho más rígida.

Hanke ha presentado la dolarización como una herramienta para recuperar la estabilidad de precios y reconstruir la confianza en la moneda. En su visión, una moneda estable facilitaría nuevamente el cálculo económico, la planificación empresarial y la celebración de contratos de largo plazo.


La diferencia entre utilizar dólares y dolarizar oficialmente


Que una economía utilice dólares no significa necesariamente que esté dolarizada de manera oficial. La experiencia venezolana muestra precisamente esa diferencia.

En una dolarización de facto, las personas pueden elegir utilizar dólares porque consideran que protegen mejor sus ahorros o facilitan determinadas transacciones. El Estado, sin embargo, conserva el bolívar y mantiene sus instituciones monetarias.

En una dolarización oficial, el cambio es institucional. El dólar se convierte en la moneda sobre la cual se organiza el sistema monetario y desaparece la capacidad del país para emitir una moneda nacional independiente.

Tampoco debe confundirse este modelo con una caja de conversión. En una caja de conversión continúa existiendo una moneda nacional vinculada a una moneda extranjera mediante reglas estrictas. La dolarización, en cambio, elimina directamente la moneda nacional como instrumento monetario.


El problema que intenta resolver: la inflación


La inflación es el principal argumento detrás de la propuesta. El FMI proyecta para Venezuela una inflación de precios al consumidor de 387,4 % durante 2026. La magnitud de esta cifra permite entender por qué la estabilidad monetaria continúa siendo uno de los principales problemas económicos del país.

Las estimaciones de Steve Hanke también han situado la inflación venezolana en niveles extraordinariamente elevados. Sus cálculos utilizan una metodología propia y pueden diferir de las estadísticas oficiales y de las proyecciones de organismos internacionales. Esa diferencia explica por qué las cifras publicadas sobre la inflación venezolana pueden variar considerablemente dependiendo de la fuente y del período analizado.

La propuesta de dolarización intenta cortar una de las vías de expansión monetaria que puede alimentar la inflación. Si Venezuela deja de emitir bolívares, el Gobierno pierde la posibilidad de crear moneda nacional para financiar directamente sus desequilibrios.

Eso no significa que todos los aumentos de precios desaparecerían. Una economía puede registrar inflación aun utilizando una moneda extranjera. Los alimentos pueden subir por problemas de producción, los servicios por mayores costos operativos y los bienes importados por cambios en los precios internacionales. La dolarización ataca principalmente el problema monetario; los demás requieren políticas económicas diferentes.


El Banco Central frente a un nuevo modelo monetario


El cierre del Banco Central de Venezuela constituye uno de los elementos más importantes de la propuesta. La institución dejaría de funcionar como autoridad emisora de una moneda nacional y Venezuela tendría que reorganizar varias de las funciones que actualmente dependen del sistema monetario centralizado.

El argumento de Hanke es que mantener un banco central con capacidad de emisión deja abierta la posibilidad de que futuros gobiernos recurran nuevamente a la creación de dinero para financiar gastos públicos. La eliminación de esa herramienta establecería una barrera mucho más difícil de superar.

Pero la desaparición de la capacidad emisora también tendría consecuencias importantes. Un banco central puede actuar como proveedor de liquidez durante una crisis bancaria. Puede intervenir ante problemas graves del sistema financiero y utilizar instrumentos monetarios para responder a determinadas perturbaciones económicas. Bajo una dolarización plena, esas herramientas ya no estarían disponibles en la misma forma.

El sistema tendría que apoyarse entonces en bancos más líquidos, mecanismos de supervisión más estrictos y fuentes alternativas de financiamiento. La reforma monetaria tendría que ir acompañada de una profunda reorganización del marco financiero.


El gran desafío: conseguir suficientes dólares


Una de las preguntas centrales de cualquier proyecto de dolarización es de dónde saldrán los dólares necesarios para sostener el funcionamiento de la economía.

Una ley puede establecer que el dólar sea la moneda oficial, pero no puede crear automáticamente las divisas necesarias para pagar importaciones, financiar bancos, respaldar depósitos o cubrir las necesidades del sector público.

Venezuela necesita generar dólares mediante exportaciones, petróleo, inversión extranjera, remesas, servicios y otras fuentes de ingresos externos. El problema adquiere mayor importancia cuando se observa la situación de liquidez señalada por el FMI durante 2026, que ha incluido escasez de dólares y mayores necesidades de financiamiento.

Por eso, el éxito de una dolarización dependería en buena medida de la capacidad de la economía para generar divisas de forma constante. El petróleo tendría nuevamente un papel central, pero también sería necesario desarrollar otras actividades productivas capaces de aportar ingresos externos.


El tipo de cambio muestra la dimensión del problema


La cotización del bolívar permite observar de manera directa la pérdida de valor acumulada por la moneda venezolana. Para el 21 de agosto de 2026, la tasa oficial publicada por el Banco Central de Venezuela se ubicó alrededor de 779,95 bolívares por dólar.

A este nivel, un dólar representa cientos de unidades de la moneda nacional. El dato refleja la enorme depreciación acumulada del bolívar y ayuda a explicar por qué el dólar se convirtió en una referencia cotidiana para empresas y consumidores.

El euro, para esa misma fecha, se situó alrededor de 911,21 bolívares. Estas cotizaciones también muestran la necesidad de actualizar la terminología monetaria utilizada en los análisis económicos actuales: desde la reconversión de 2021, la denominación vigente es bolívar digital, aunque en la práctica suele utilizarse simplemente el término bolívar.


Dos economías dentro de una misma economía


La dolarización de facto ha creado una diferencia importante entre quienes tienen acceso directo a divisas y quienes dependen principalmente de ingresos en bolívares.

Los trabajadores vinculados a actividades que pagan en dólares, las personas que reciben remesas y determinados sectores privados cuentan con una protección mayor frente a la depreciación del bolívar. Para ellos, mantener ingresos en una moneda relativamente estable reduce la pérdida de poder adquisitivo asociada a la devaluación.

La situación es diferente para quienes reciben sus ingresos principalmente en bolívares. Cuando la moneda pierde valor con rapidez, el salario necesita reajustarse constantemente para conservar su capacidad de compra. Si los ingresos crecen más lentamente que los precios, el resultado es una caída del salario real.

Esta situación afecta especialmente a trabajadores cuyos ingresos dependen del Estado. Maestros, trabajadores sanitarios, empleados públicos y pensionados han quedado expuestos a una diferencia creciente entre sus ingresos y los precios de bienes y servicios que, en muchos casos, tienen al dólar como referencia.


La inflación también puede existir en dólares


Uno de los errores más comunes en el debate sobre la dolarización consiste en asumir que utilizar dólares significa automáticamente que los precios dejarán de subir.

La realidad es diferente. Una economía dolarizada puede experimentar inflación porque los precios dependen de mucho más que de la moneda. Los costos de transporte, electricidad, impuestos, alquileres, salarios, materias primas y logística pueden aumentar aunque el dólar mantenga exactamente el mismo valor.

Para Venezuela, este punto resulta especialmente importante. La dolarización podría eliminar la depreciación del bolívar como fuente de presión sobre los precios, pero seguirían existiendo los problemas estructurales que encarecen la producción y distribución de bienes.

El objetivo de la reforma sería entonces estabilizar el componente monetario de la economía, mientras las demás políticas tendrían que ocuparse de la productividad, la oferta y los costos internos.


Qué ocurriría con los bancos


El sistema bancario tendría que atravesar una transformación profunda. Los depósitos, créditos, contratos, reservas y operaciones financieras tendrían que adaptarse a un entorno en el que el dólar sería la moneda central del sistema.

Una ventaja potencial sería la reducción del riesgo de depreciación para los créditos y depósitos denominados en dólares. Una empresa podría contratar un préstamo a largo plazo sin enfrentarse a la posibilidad de que una devaluación del bolívar multiplique el costo real de su deuda.

Sin embargo, el riesgo cambiario no desaparecería completamente. Una empresa venezolana que realice operaciones con Europa, por ejemplo, continuaría expuesta a las variaciones entre el dólar y el euro. Además, los bancos seguirían enfrentando riesgos de crédito, liquidez y solvencia.

La ausencia de un banco central emisor también modificaría el papel del Estado durante una crisis financiera. Los bancos tendrían que operar con mayores colchones de liquidez y disponer de mecanismos alternativos para enfrentar situaciones de emergencia.


¿La dolarización devolvería el crédito?


La estabilidad monetaria puede crear condiciones más favorables para recuperar el crédito, pero por sí sola no garantiza una expansión de los préstamos.

Para que vuelvan a crecer los créditos hipotecarios, industriales y comerciales se necesitan bancos solventes, ahorro suficiente, seguridad jurídica, confianza, garantías ejecutables y una economía capaz de generar ingresos sostenibles.

La dolarización podría eliminar una barrera importante: la incertidumbre sobre el valor futuro de la moneda nacional. Pero todavía quedarían otros obstáculos que tendrían que ser abordados mediante reformas financieras y económicas.


Petróleo: la pieza clave para generar divisas


El petróleo ocupa un lugar central en cualquier discusión sobre la capacidad venezolana para sostener una economía dolarizada. Venezuela posee enormes reservas de hidrocarburos, pero convertir esos recursos en dólares requiere producción, inversión, infraestructura, tecnología y acceso a los mercados internacionales.

Una economía que utiliza el dólar necesita generar suficientes divisas para importar bienes, pagar servicios externos, financiar inversiones y sostener el funcionamiento del sistema financiero. La recuperación de la industria petrolera podría proporcionar una parte importante de esos recursos.

La dolarización también podría simplificar determinadas operaciones de las empresas energéticas, especialmente aquellas que ya trabajan con contratos y proveedores internacionales en dólares. La eliminación de la conversión constante entre bolívares y dólares reduciría ciertas fricciones contables y cambiarias.

Pero la moneda no sustituye las condiciones necesarias para atraer inversión. Las empresas internacionales también analizan la seguridad jurídica, los contratos, la infraestructura, las sanciones, la estabilidad política y la rentabilidad de los proyectos.


El problema de la deuda pública


La situación fiscal venezolana constituye uno de los mayores desafíos para cualquier reforma monetaria. El FMI ha señalado la magnitud de la deuda pública y las dificultades que existen para evaluar completamente las cuentas del país debido a problemas de información.

La dolarización no elimina la deuda. Lo que cambia es la posibilidad de utilizar una moneda nacional depreciable para reducir el valor real de determinadas obligaciones domésticas.

Una vez dolarizada, Venezuela tendría que afrontar sus compromisos en una moneda que no puede emitir. Esto podría aumentar la presión para mejorar la recaudación, controlar el gasto y recuperar las fuentes de ingresos externos.

Al mismo tiempo, un Estado dolarizado puede continuar teniendo déficit. La diferencia está en cómo lo financia. Puede utilizar ingresos fiscales, deuda, ingresos petroleros, inversión o financiamiento externo. Lo que desaparece es la posibilidad de cubrir el déficit mediante la emisión de una moneda nacional.


El precio de perder la política monetaria


La mayor ventaja de la dolarización también representa uno de sus mayores costos: Venezuela dejaría de controlar su propia política monetaria.

Las decisiones sobre las tasas de interés del dólar corresponden a la Reserva Federal de Estados Unidos. Venezuela tendría que adaptarse a esas condiciones aunque su economía atravesara un ciclo diferente.

Si Estados Unidos elevara las tasas para combatir su propia inflación, el sistema financiero venezolano sentiría las consecuencias de unas condiciones monetarias más restrictivas. Si las redujera para estimular la economía estadounidense, Venezuela también operaría dentro de un entorno monetario más expansivo.

El país perdería así una herramienta que permite adaptar la política monetaria a las necesidades internas. Los ajustes tendrían que producirse mediante el presupuesto público, los precios, los salarios, la productividad y los flujos de capital.


Una economía sin posibilidad de devaluar


En una economía con moneda propia, el Gobierno puede modificar el tipo de cambio. Una devaluación puede utilizarse para abaratar las exportaciones en moneda extranjera y encarecer las importaciones, aunque también puede generar inflación y pérdida de poder adquisitivo.

En una economía dolarizada, esa herramienta desaparece. Venezuela no podría devaluar el dólar para mejorar su competitividad porque no controla su emisión ni su valor internacional.

Cuando apareciera un shock externo, el ajuste tendría que producirse dentro de la economía real. Las empresas tendrían que mejorar su productividad, reducir costos o modificar precios. El Estado tendría que ajustar sus ingresos y gastos. Los trabajadores podrían enfrentar cambios en salarios reales y oportunidades laborales.

Ese proceso puede ser más lento y socialmente difícil que una modificación del tipo de cambio, pero también evita que la depreciación monetaria se convierta en una fuente permanente de inflación.


La dolarización no reemplaza una reforma económica


Una moneda estable puede convertirse en una pieza importante de la recuperación venezolana, pero no puede reconstruir por sí sola una economía deteriorada.

La recuperación necesitaría también inversión, infraestructura, electricidad confiable, producción petrolera, seguridad jurídica, fortalecimiento institucional, crédito, empleo productivo y una política fiscal sostenible.

Este es uno de los puntos centrales del debate. Si Venezuela adopta el dólar pero mantiene los mismos problemas de productividad, gasto público, infraestructura y debilidad institucional, la nueva moneda no resolverá automáticamente esas dificultades.

La dolarización puede cerrar una puerta —la financiación mediante emisión de moneda nacional—, pero abrir esa puerta no basta para construir una economía estable. El resto del edificio económico también necesita ser reconstruido.


Una decisión que todavía está abierta


La propuesta de Steve Hanke y Antonio Ecarri ha vuelto a colocar la dolarización en el escenario político venezolano. Ecarri ha anunciado que pretende impulsar el debate y llevar la iniciativa al ámbito legislativo, mientras Hanke participa en la elaboración del planteamiento técnico.

Al mismo tiempo, la controversia alrededor de la supuesta contratación de Hanke por parte de la Asamblea Nacional demuestra que el proyecto todavía se encuentra en una etapa política temprana. El equipo de Ecarri confirmó que trabaja con el economista a título personal, mientras Jorge Rodríguez negó que la Asamblea Nacional lo haya contratado.

La discusión continuará alrededor de varias preguntas fundamentales: cuánto costaría convertir los bolívares existentes, qué papel tendría el sistema bancario, cómo se administrarían las reservas internacionales, qué ocurriría con los contratos y obligaciones expresados en bolívares y cómo se garantizaría la liquidez necesaria para que el sistema funcione.


El verdadero desafío para Venezuela


La discusión sobre el dólar es, en realidad, una discusión sobre el futuro económico del país.

Para sus defensores, la dolarización ofrece una oportunidad para cortar con décadas de inestabilidad monetaria, recuperar la confianza y establecer una regla que limite la financiación del gasto mediante emisión. Para sus críticos, el costo es demasiado alto porque Venezuela perdería herramientas importantes para responder a las crisis y dependería de una moneda cuya política monetaria se decide fuera de sus fronteras.

Ambas posiciones coinciden en una realidad: el sistema monetario actual enfrenta problemas profundos. El bolívar ha perdido una parte considerable de su valor y el dólar ya ocupa un espacio importante dentro de la economía cotidiana.

La pregunta que queda abierta es si Venezuela debe continuar con esa dolarización de facto o convertirla en una decisión institucional capaz de reorganizar todo el sistema monetario.

La respuesta no dependerá solamente de la moneda elegida. Dependerá de la capacidad del país para generar dólares, ordenar sus cuentas públicas, reconstruir el sistema financiero, recuperar la producción y crear las condiciones necesarias para que la estabilidad monetaria se convierta también en crecimiento económico.

Por ahora, la dolarización permanece como una propuesta sobre la mesa. Su futuro dependerá de la discusión política y legislativa que se desarrolle en Venezuela, pero el debate ya plantea una cuestión histórica: cuánto está dispuesto el país a sacrificar de su soberanía monetaria a cambio de recuperar la estabilidad de su dinero.


Fuentes consultadas


  • Fondo Monetario Internacional (FMI), información macroeconómica y proyecciones para Venezuela. [Fondo Monetario Internacional — Venezuela]
  • Fortune, información sobre Steve Hanke y la propuesta de dolarización de Venezuela, 20 de agosto de 2026.
  • El Diario, aclaraciones del equipo de Antonio Ecarri sobre la relación con Steve Hanke y la posición de Jorge Rodríguez, 21 de agosto de 2026.
  • Efecto Cocuyo, declaraciones de Jorge Rodríguez y Antonio Ecarri sobre la propuesta de dolarización, 21 de agosto de 2026.
  • El Informador Venezuela, información sobre la intención del Partido Lápiz de llevar formalmente la propuesta a la Asamblea Nacional, 21 de agosto de 2026.
  • Contrapunto, confirmación de la colaboración entre Antonio Ecarri y Steve Hanke, 20 de agosto de 2026.