Pornomiseria: c贸mo la pobreza pas贸 de ser una realidad social a convertirse en espect谩culo, contenido y negocio en la era digital. Porno...
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| Pornomiseria: c贸mo la pobreza pas贸 de ser una realidad social a convertirse en espect谩culo, contenido y negocio en la era digital. |
Pornomiseria y pobreza como espect谩culo: evoluci贸n de la representaci贸n medi谩tica
La representaci贸n de la pobreza constituye uno de los problemas m谩s complejos de la comunicaci贸n contempor谩nea porque combina una realidad social objetiva con decisiones de selecci贸n, encuadre, edici贸n, distribuci贸n y monetizaci贸n. Millones de personas viven bajo condiciones de privaci贸n econ贸mica, desigualdad, inseguridad alimentaria, falta de acceso a servicios esenciales o vulnerabilidad frente a crisis pol铆ticas, econ贸micas, ambientales y humanitarias. El Banco Mundial estim贸 que alrededor de 700 millones de personas, equivalentes al 8,5 % de la poblaci贸n mundial, viv铆an en pobreza extrema bajo el umbral internacional de 2,15 d贸lares diarios, mientras aproximadamente 3.500 millones de personas se encontraban por debajo del umbral de 6,85 d贸lares diarios utilizado para pa铆ses de ingreso mediano alto. La reducci贸n mundial de la pobreza se ha ralentizado de forma considerable y los niveles de pobreza en numerosos pa铆ses de bajos ingresos contin煤an siendo superiores a los registrados antes de la pandemia.
La existencia de pobreza, por tanto, no constituye por s铆 misma una forma de explotaci贸n medi谩tica. El problema aparece cuando la vulnerabilidad humana es seleccionada, exagerada, descontextualizada o convertida en un recurso para producir dinero, audiencia, prestigio institucional, reputaci贸n personal o legitimidad pol铆tica, especialmente cuando las personas representadas tienen escasa capacidad para decidir c贸mo se construye y circula su imagen. En ese punto se sit煤a el debate sobre la pornomiseria y, en un contexto diferente, sobre el concepto anglosaj贸n de poverty porn.
Ambos conceptos est谩n relacionados, pero no son sin贸nimos hist贸ricos. La pornomiseria naci贸 como una cr铆tica espec铆fica dentro del cine latinoamericano, particularmente en Colombia, alrededor de la obra de Luis Ospina y Carlos Mayolo. El concepto de poverty porn, en cambio, se desarroll贸 posteriormente en el 谩mbito anglosaj贸n, especialmente en la cr铆tica a las representaciones de pobreza utilizadas por organizaciones humanitarias y campa帽as de recaudaci贸n. Mantener esta diferencia resulta fundamental para analizar la evoluci贸n del fen贸meno sin borrar los contextos culturales en los que surgieron los conceptos.
Qu茅 significa pornomiseria
La pornomiseria puede entenderse como una forma de representaci贸n cinematogr谩fica que convierte la pobreza, la marginalidad y el sufrimiento en materia prima para producir impacto visual, reconocimiento profesional o valor comercial. La noci贸n qued贸 estrechamente vinculada a Agarrando pueblo, obra codirigida por Luis Ospina y Carlos Mayolo, cuya propuesta cuestionaba la utilizaci贸n de las condiciones de pobreza como espect谩culo audiovisual. La Universidad Nacional de Colombia ha explicado la obra como una cr铆tica a los realizadores que buscaban registrar miseria en las calles para convertirla en material cinematogr谩fico, mientras estudios posteriores han situado la pel铆cula como una pieza fundamental de la cr铆tica colombiana a la explotaci贸n est茅tica de la marginalidad.
Agarrando pueblo fue realizada en Colombia durante la segunda mitad de la d茅cada de 1970 y aparece registrada en la filmograf铆a de Luis Ospina como una producci贸n de 1978. La obra utiliza recursos del falso documental para mostrar a un supuesto equipo de filmaci贸n que recorre sectores populares en busca de im谩genes de pobreza destinadas a una audiencia extranjera. La operaci贸n sat铆rica no consiste solamente en mostrar personas pobres, sino en revelar el proceso mediante el cual una c谩mara puede transformar sus vidas en una mercanc铆a visual. La pel铆cula expone as铆 una relaci贸n desigual: quien controla la c谩mara tambi茅n controla el montaje, la selecci贸n de im谩genes y, en buena medida, el relato final.
La importancia hist贸rica de la pornomiseria reside precisamente en que no cuestiona la existencia de la pobreza, sino la manera en que esa pobreza puede ser utilizada por una industria cultural. El problema no es documentar una vivienda precaria, una persona sin hogar, una familia con dificultades econ贸micas o una comunidad excluida. El problema surge cuando la precariedad deja de ser una realidad que debe comprenderse y pasa a desempe帽ar la funci贸n de una escenograf铆a destinada a provocar una reacci贸n inmediata en el espectador.
El contexto cinematogr谩fico colombiano de los a帽os setenta
El debate sobre la pornomiseria apareci贸 en un momento de transformaci贸n del cine colombiano. El Estado hab铆a desarrollado mecanismos de apoyo para la producci贸n cinematogr谩fica y, en 1978, fue constituida la Compa帽铆a de Fomento Cinematogr谩fico, FOCINE, como empresa industrial y comercial del Estado vinculada al Ministerio de Comunicaciones. La documentaci贸n jur铆dica colombiana registra que la compa帽铆a fue constituida mediante escritura p煤blica en 1978 y organizada mediante el Decreto 1244 de ese a帽o y normas posteriores.
FOCINE tuvo entre sus objetivos la ejecuci贸n de pol铆ticas relacionadas con el desarrollo de la industria cinematogr谩fica colombiana. Posteriormente, el Fondo de Fomento Cinematogr谩fico creado por la Ley 55 de 1985 qued贸 vinculado a la financiaci贸n y est铆mulo de la producci贸n cinematogr谩fica nacional. La legislaci贸n demuestra la existencia de una pol铆tica estatal de fomento, pero no permite afirmar por s铆 sola que dichas medidas hubieran provocado directamente la producci贸n de pornomiseria. Esa relaci贸n causal debe evitarse cuando no existe evidencia espec铆fica que la demuestre.
La importancia de este contexto consiste en mostrar que las representaciones audiovisuales no aparecen aisladas de los mercados y estructuras institucionales que financian, distribuyen y legitiman las obras. Una imagen puede transformarse en un activo cultural cuando facilita acceso a festivales, canales de televisi贸n, fondos de producci贸n o mercados internacionales. En ese escenario, la cr铆tica de Ospina y Mayolo adquiri贸 una dimensi贸n econ贸mica: preguntaba qui茅n obtiene reconocimiento y recursos a partir de la representaci贸n de una realidad social y qui茅n permanece convertido en objeto de esa representaci贸n.
De la pornomiseria al concepto de poverty porn
El concepto de poverty porn pertenece a una genealog铆a distinta. Uno de sus antecedentes documentales m谩s citados en el 谩mbito de la comunicaci贸n humanitaria es el trabajo de J酶rgen Lissner, Merchants of Misery, publicado en 1981. El debate surgi贸 alrededor de la utilizaci贸n de im谩genes de personas pobres y afectadas por crisis para generar respuestas emocionales y recursos econ贸micos destinados a organizaciones de ayuda.
En las d茅cadas posteriores, la expresi贸n pas贸 a ser utilizada para cuestionar determinadas estrategias de comunicaci贸n humanitaria basadas en im谩genes de hambre, enfermedad, abandono o sufrimiento extremo. La preocupaci贸n central era que la audiencia internacional terminara relacionando a determinadas regiones del mundo, particularmente sociedades del Sur Global, casi exclusivamente con victimizaci贸n y dependencia.
La diferencia hist贸rica debe mantenerse: la pornomiseria corresponde a una cr铆tica cinematogr谩fica latinoamericana vinculada a la mercantilizaci贸n de la marginalidad, mientras que poverty porn se desarroll贸 como una cr铆tica m谩s amplia a determinadas formas de comunicaci贸n sobre pobreza y ayuda humanitaria. Con el tiempo, ambos conceptos comenzaron a dialogar debido a la existencia de un problema com煤n: el uso del sufrimiento ajeno como recurso de persuasi贸n.
Hambre, crisis humanitarias y construcci贸n de im谩genes de sufrimiento
Las grandes crisis humanitarias del siglo XX contribuyeron a transformar la relaci贸n entre sufrimiento, medios de comunicaci贸n y recaudaci贸n. La cobertura internacional de la hambruna et铆ope de 1983 a 1985, seguida por la enorme movilizaci贸n alrededor de Live Aid en 1985, mostr贸 el poder de las im谩genes para instalar una crisis en la conciencia p煤blica internacional.
El problema hist贸rico no consiste en negar la utilidad de las campa帽as que recaudaron recursos para poblaciones afectadas. Las crisis humanitarias requieren financiaci贸n, atenci贸n p煤blica y mecanismos de solidaridad internacional. La discusi贸n 茅tica aparece cuando la 煤nica forma de construir inter茅s consiste en mostrar a las personas como v铆ctimas absolutas, sin capacidad de acci贸n, historia propia o posibilidad de participar en el relato.
Esta tensi贸n contin煤a presente en la literatura acad茅mica. Un estudio experimental publicado por Emily Clough, Jill Hardacre y Elizabeth Muggleton analiz贸 a 450 participantes del Reino Unido y encontr贸 que quienes estuvieron expuestos a representaciones negativas de personas en situaci贸n de pobreza tendieron a atribuirles menores niveles de agencia. El resultado es especialmente relevante porque transforma una cr铆tica 茅tica de larga trayectoria en un problema medible: la forma de representar la pobreza puede modificar la percepci贸n que el p煤blico tiene de la capacidad de acci贸n de las personas pobres.
La paradoja econ贸mica de la imagen de la pobreza
La representaci贸n de la pobreza posee una paradoja econ贸mica. Las organizaciones humanitarias necesitan recursos para financiar programas de alimentaci贸n, salud, educaci贸n, alojamiento, protecci贸n y respuesta ante emergencias. En consecuencia, comunicar una crisis tiene una funci贸n econ贸mica leg铆tima: conseguir recursos para atenderla.
La dificultad aparece cuando la eficiencia de una campa帽a se mide principalmente por la cantidad de dinero recaudado y no por la calidad 茅tica del proceso mediante el cual se obtiene ese dinero. Un estudio publicado en 2024 en el Journal of Philanthropy and Marketing, basado en entrevistas a responsables de 22 organizaciones no gubernamentales de Ghana, encontr贸 que algunos directivos justificaban el uso de im谩genes consideradas poverty porn argumentando que pod铆an favorecer las donaciones y que los beneficios para las personas necesitadas compensaban las objeciones 茅ticas.
Esta posici贸n produce un conflicto cl谩sico entre eficacia y dignidad: si una imagen degradante genera m谩s recursos, ¿puede justificarse moralmente porque permite financiar ayuda? El problema es que la rentabilidad inmediata de una representaci贸n no permite medir autom谩ticamente sus costes sociales a largo plazo. Una campa帽a puede recaudar fondos y, simult谩neamente, reforzar estereotipos sobre las personas retratadas.
Otra investigaci贸n reciente examin贸 experimentalmente c贸mo diferentes caracter铆sticas de los anuncios humanitarios influyen en las respuestas del p煤blico. El estudio de Shabbir y colaboradores analiz贸 el papel del encuadre, la intensidad emocional y las caracter铆sticas del portavoz en campa帽as que utilizaban im谩genes de sufrimiento. La investigaci贸n plantea precisamente la cuesti贸n de c贸mo las representaciones negativas pueden integrarse en una l贸gica empresarial de captaci贸n de recursos.
Desde una perspectiva econ贸mica, por tanto, la pornomiseria no debe analizarse solamente como explotaci贸n individual. Tambi茅n puede ser comprendida como parte de una cadena de valor compuesta por producci贸n, publicaci贸n, distribuci贸n, publicidad, donaciones, patrocinio, reputaci贸n y adquisici贸n de audiencia. En esa cadena, la imagen de la pobreza funciona como un recurso que puede generar valor para actores diferentes a las personas representadas.
El impacto social: convertir a las personas en v铆ctimas permanentes
Uno de los principales efectos sociales de estas representaciones es la reducci贸n de la identidad. Cuando una persona aparece repetidamente bajo una 煤nica caracter铆stica —pobre, hambrienta, enferma, desempleada, desplazada o sin hogar— el p煤blico puede terminar asociando toda su existencia con esa condici贸n.
La pobreza, sin embargo, no constituye una identidad completa. Una persona puede vivir en condiciones de pobreza y ser al mismo tiempo trabajadora, estudiante, madre, padre, artista, agricultor, comerciante, dirigente comunitario, deportista o profesional. Una comunidad puede enfrentar carencias graves y, simult谩neamente, conservar redes de solidaridad, sistemas productivos, conocimientos tradicionales y mecanismos propios de resoluci贸n de problemas.
El estudio experimental de Clough, Hardacre y Muggleton es significativo precisamente porque demostr贸 que las representaciones negativas pueden reducir la percepci贸n de agencia. El fen贸meno trasciende entonces la est茅tica: afecta la imagen social que se construye sobre las personas representadas.
Una representaci贸n sistem谩tica de comunidades como receptoras pasivas de asistencia puede generar un c铆rculo discursivo: primero se presenta a la poblaci贸n como incapaz de resolver sus propios problemas; posteriormente se presenta al actor externo como salvador; finalmente, la ayuda externa aparece como 煤nica v铆a posible para solucionar la situaci贸n.
Este modelo puede recibir distintas denominaciones seg煤n el contexto, entre ellas paternalismo, representaci贸n asistencialista o narrativa del salvador. En determinados contextos internacionales tambi茅n aparece asociado al concepto de white saviour, especialmente cuando los relatos muestran a personas occidentales como protagonistas del rescate de poblaciones racializadas. No toda cooperaci贸n internacional responde a ese modelo, pero la estructura narrativa merece ser analizada cuando la persona que recibe ayuda desaparece del protagonismo y el benefactor ocupa el centro del relato.
El impacto cultural: qui茅n tiene derecho a representar a qui茅n
El problema cultural de la pornomiseria est谩 relacionado con el poder de definir identidades colectivas. Los medios no solamente informan sobre una realidad; tambi茅n participan en la construcci贸n de las im谩genes mediante las cuales determinadas sociedades son reconocidas por audiencias externas.
Cuando un pa铆s o una regi贸n aparece de manera reiterada asociado con miseria, violencia, hambre, criminalidad o atraso, esa asociaci贸n puede convertirse en una narrativa cultural dominante. El fen贸meno afecta particularmente a sociedades que ya tienen una posici贸n desigual dentro de los sistemas internacionales de producci贸n y distribuci贸n de im谩genes.
La cr铆tica cinematogr谩fica latinoamericana de los a帽os setenta ya se帽alaba este problema. Agarrando pueblo no atacaba solamente la forma de filmar personas pobres. Tambi茅n cuestionaba la relaci贸n entre quienes produc铆an im谩genes y quienes eran convertidos en objetos de esas im谩genes.
El problema contin煤a en la actualidad, aunque los canales de distribuci贸n hayan cambiado. Las plataformas digitales permiten que comunidades anteriormente invisibilizadas produzcan y publiquen sus propios relatos, pero tambi茅n permiten que terceros lleguen a ellas con c谩maras, tel茅fonos y audiencias globales. La democratizaci贸n tecnol贸gica ampli贸 la capacidad de representaci贸n, pero no elimin贸 las desigualdades econ贸micas y culturales entre quien registra y quien es registrado.
La representaci贸n leg铆tima de la pobreza frente a la explotaci贸n
No toda fotograf铆a de una persona pobre constituye pornomiseria. Tampoco todo documental sobre marginalidad, todo reportaje sobre hambre o toda campa帽a humanitaria debe clasificarse autom谩ticamente como poverty porn.
Una representaci贸n responsable puede mostrar sufrimiento sin explotarlo. Puede denunciar una injusticia, documentar una crisis, investigar una pol铆tica p煤blica o explicar las consecuencias de una determinada decisi贸n econ贸mica. Lo decisivo es el conjunto de decisiones que acompa帽an a la imagen.
Para analizar si una representaci贸n se acerca a un modelo explotador pueden utilizarse varios criterios: el grado de contextualizaci贸n, la participaci贸n de las personas retratadas, el tratamiento de su dignidad, la existencia de consentimiento, la finalidad econ贸mica, la posici贸n narrativa del creador, la capacidad de los sujetos para decidir sobre el uso de su imagen y la presencia o ausencia de una voz propia.
Un reportaje que explica por qu茅 una comunidad perdi贸 sus medios de subsistencia es sustancialmente diferente de un video que muestra 煤nicamente a una persona pidiendo ayuda mientras el creador ocupa el centro de la narraci贸n. En el primer caso, la pobreza se convierte en objeto de investigaci贸n; en el segundo, puede convertirse en un recurso dram谩tico.
La llegada de las redes sociales
La revoluci贸n digital modific贸 radicalmente la econom铆a de la representaci贸n. Durante el per铆odo de los medios tradicionales, producir y distribuir una obra exig铆a acceso a c谩maras, equipos de edici贸n, canales de televisi贸n, peri贸dicos, estudios cinematogr谩ficos o instituciones culturales. Las redes sociales redujeron significativamente esas barreras.
Un tel茅fono m贸vil puede registrar una situaci贸n de pobreza y convertirla en contenido global en cuesti贸n de minutos. El mismo dispositivo permite grabar, editar, publicar, comentar y acumular una audiencia que puede transformarse en ingresos.
La literatura reciente sobre TikTok muestra que los sistemas de recomendaci贸n personalizan los contenidos a partir de se帽ales como duraci贸n de visualizaci贸n, interacci贸n y seguimiento. Un estudio publicado en 2024 desarroll贸 un marco para analizar c贸mo TikTok organiza las recomendaciones y concluy贸 que la duraci贸n de visualizaci贸n, los "me gusta" y los seguimientos participan en la personalizaci贸n de los contenidos mostrados a los usuarios.
Esto no significa que los algoritmos est茅n dise帽ados espec铆ficamente para premiar la pobreza. La cuesti贸n es distinta: cuando un contenido consigue mantener la atenci贸n, generar comentarios, reacciones o compartidos, entra en un sistema que asigna valor a esas interacciones. En ese entorno, una situaci贸n dram谩tica puede adquirir valor no solamente informativo sino tambi茅n econ贸mico.
El nuevo modelo: ayudar y grabar al mismo tiempo
Uno de los fen贸menos m谩s visibles de esta transformaci贸n es el llamado kindness content, contenido basado en acciones de ayuda grabadas y publicadas en redes sociales. Algunos creadores entregan alimentos, dinero, ropa u otros bienes a personas que enfrentan dificultades econ贸micas. Estas piezas pueden movilizar recursos reales y recibir una respuesta positiva de millones de espectadores.
La controversia aparece cuando el acto de ayuda y la producci贸n de contenido se vuelven inseparables. Associated Press document贸 la expansi贸n de esta modalidad y las cr铆ticas relacionadas con el car谩cter performativo de determinadas acciones, el uso de im谩genes de personas vulnerables y las dudas sobre el consentimiento. La misma cobertura tambi茅n recoge el argumento de los propios creadores, quienes sostienen que el contenido les permite conseguir m谩s recursos y, por tanto, ayudar a m谩s personas.
La discusi贸n econ贸mica es particularmente compleja porque el contenido puede crear varias transferencias simult谩neas. El creador puede entregar una cantidad de dinero a una persona; la plataforma puede generar ingresos mediante publicidad; el creador puede ganar audiencia; las marcas pueden encontrar una oportunidad de patrocinio; y una campa帽a posterior puede conseguir donaciones. La persona ayudada recibe un beneficio inmediato, pero su imagen puede convertirse en el activo que permite generar todos los dem谩s beneficios.
Por esta raz贸n, la pregunta no debe limitarse a cu谩nto dinero recibi贸 la persona filmada. Tambi茅n debe preguntarse qu茅 valor econ贸mico gener贸 su imagen, qui茅n recibi贸 ese valor, durante cu谩nto tiempo permanecer谩 publicado el contenido y si tuvo capacidad real para decidir sobre su uso.
Consentimiento y desigualdad de poder
El consentimiento constituye uno de los principales problemas 茅ticos de la representaci贸n de personas vulnerables. Una persona puede aceptar ser grabada porque necesita comida, dinero, alojamiento o ayuda inmediata. Sin embargo, aceptar bajo una situaci贸n de extrema necesidad no equivale necesariamente a ejercer el mismo nivel de capacidad de negociaci贸n que tendr铆a una persona en una situaci贸n econ贸mica estable.
Esta cuesti贸n adquiere especial importancia cuando aparecen ni帽os, personas sin hogar, personas con discapacidad, v铆ctimas de violencia o individuos sometidos a crisis humanitarias. UNICEF establece que la dignidad, privacidad, confidencialidad y protecci贸n frente al da帽o deben ocupar una posici贸n central al informar sobre ni帽os y adolescentes.
En 2026, UNICEF Jamaica volvi贸 a destacar la responsabilidad de periodistas y profesionales de los medios en la protecci贸n de los derechos y la dignidad de los ni帽os durante actividades de formaci贸n sobre cobertura 茅tica. El 茅nfasis institucional confirma que el problema contin煤a siendo relevante en entornos tradicionales y digitales.
El Comit茅 Internacional de la Cruz Roja tambi茅n public贸 en 2024 directrices espec铆ficas sobre recopilaci贸n 茅tica de contenido para comunicaciones p煤blicas. El documento aborda protecci贸n, consentimiento informado, grupos vulnerables y edici贸n posterior, y establece que las comunicaciones deben ser verdaderas, precisas y respetuosas, preservando la dignidad de las comunidades afectadas.
Turismo de pobreza y slum tourism
La l贸gica de convertir la pobreza en una experiencia comercial no se limita a los medios audiovisuales. Tambi茅n aparece en el denominado slum tourism, turismo de asentamientos informales o turismo de pobreza.
Esta modalidad se desarroll贸 en distintas ciudades del mundo mediante recorridos organizados por barrios populares y asentamientos caracterizados por altos niveles de vulnerabilidad. El fen贸meno ha sido estudiado en ciudades como R铆o de Janeiro, Mumbai, Nairobi y otras 谩reas urbanas.
Una revisi贸n sistem谩tica publicada en 2024 examin贸 122 art铆culos acad茅micos revisados por pares sobre slum tourism. El estudio demuestra que se trata de un campo de investigaci贸n consolidado dentro de los estudios tur铆sticos, geogr谩ficos y urbanos y se帽ala una diversidad de interpretaciones acerca de sus impactos econ贸micos, sociales y culturales.
Por esta raz贸n, ser铆a incorrecto afirmar que todo turismo de asentamientos informales es autom谩ticamente pornomiseria. Existen casos en los que residentes participan en la actividad tur铆stica, ofrecen servicios, trabajan como gu铆as, desarrollan negocios o utilizan el turismo como mecanismo de generaci贸n de ingresos. El problema se vuelve m谩s evidente cuando los residentes carecen de participaci贸n real y el territorio es presentado 煤nicamente como escenario de pobreza para visitantes externos.
La pregunta econ贸mica central es qui茅n captura el valor producido por el recorrido. Si el visitante paga por conocer una comunidad y la mayor parte del dinero permanece fuera de ella, la actividad puede generar una importante fuga econ贸mica. Si, por el contrario, organizaciones locales, comerciantes y residentes controlan una parte significativa de los servicios, el turismo puede producir beneficios econ贸micos m谩s directos. La revisi贸n de la literatura demuestra precisamente que la relaci贸n no debe presentarse como una conclusi贸n universal, sino como una cuesti贸n emp铆rica que debe analizarse en cada destino.
La fotograf铆a tur铆stica y el derecho a no convertirse en espect谩culo
El visitante tambi茅n participa en la econom铆a de la representaci贸n. Una fotograf铆a de una vivienda precaria o de una persona que vive en condiciones de pobreza puede salir del contexto comunitario y circular posteriormente en redes sociales, blogs, videos y sistemas comerciales de im谩genes.
El problema cultural surge cuando una comunidad pierde el control sobre la manera en que es representada ante terceros. El visitante puede interpretar una realidad compleja como una escena ex贸tica, mientras los habitantes la experimentan como su vida cotidiana.
La diferencia entre documentaci贸n y espect谩culo puede parecer peque帽a desde el punto de vista t茅cnico, pero resulta enorme desde el punto de vista social. Una c谩mara transforma el acontecimiento en imagen; el texto que la acompa帽a transforma la imagen en relato; y la plataforma transforma el relato en mercanc铆a potencial.
Volunturismo: cuando la pobreza se convierte en experiencia personal
El voluntourism o volunturismo combina viajes con actividades de voluntariado. La pr谩ctica puede incluir proyectos educativos, trabajos comunitarios, asistencia en organizaciones sociales y otras formas de participaci贸n.
La cr铆tica acad茅mica y profesional se concentra particularmente en los programas de corta duraci贸n. El problema aparece cuando la experiencia del visitante ocupa m谩s espacio que las necesidades de la comunidad y cuando los proyectos se dise帽an para satisfacer la expectativa del voluntario antes que las capacidades t茅cnicas y prioridades locales.
Desde el punto de vista econ贸mico, esto puede generar un desplazamiento de recursos. Una organizaci贸n puede invertir dinero en alojamiento, transporte, capacitaci贸n y supervisi贸n de voluntarios internacionales cuando ese mismo dinero podr铆a destinarse a profesionales locales o proyectos de mayor duraci贸n. El problema no significa que toda experiencia de voluntariado internacional sea perjudicial, sino que su eficacia debe medirse desde las necesidades del receptor y no 煤nicamente desde la satisfacci贸n del visitante.
Tambi茅n existe una dimensi贸n cultural relacionada con las relaciones hist贸ricas de poder. Cuando una persona procedente de un pa铆s rico llega a una comunidad de un pa铆s de menores ingresos para asumir durante algunos d铆as funciones que podr铆an desempe帽ar profesionales locales, la experiencia puede reproducir una narrativa donde la soluci贸n procede desde fuera. Esa din谩mica merece especial vigilancia cuando se presenta como una aventura personal o una prueba de sensibilidad moral.
El salvador como protagonista
La representaci贸n de la pobreza suele establecer una relaci贸n narrativa entre v铆ctima y salvador. La persona pobre aparece en una posici贸n de necesidad mientras otra persona —un fil谩ntropo, una celebridad, un periodista, un influencer, un turista o una organizaci贸n— ocupa el papel de quien resuelve el problema.
Esta estructura tiene una enorme eficacia narrativa porque simplifica el conflicto. En lugar de explicar salarios insuficientes, vivienda, desigualdad territorial, educaci贸n, productividad, inflaci贸n, acceso a servicios, conflictos pol铆ticos o estructuras hist贸ricas, la narraci贸n puede reducir todo el problema a una escena sencilla: una persona sufre y otra la ayuda.
El inconveniente es que la soluci贸n individual puede desplazar la discusi贸n estructural. Un video de pocos minutos puede emocionar a millones de personas, pero no necesariamente explica por qu茅 existe la pobreza que aparece en pantalla.
Por esta raz贸n, una investigaci贸n rigurosa debe colocar la escena individual dentro de un contexto m谩s amplio. La pregunta period铆stica no debe ser 煤nicamente qui茅n recibi贸 ayuda, sino qu茅 circunstancias produjeron la necesidad y qu茅 instituciones, pol铆ticas, mercados o acontecimientos influyeron en ella.
El efecto pol铆tico de la representaci贸n
Las im谩genes de pobreza tambi茅n tienen consecuencias pol铆ticas. Una sociedad presentada como permanentemente dependiente puede provocar simpat铆a, pero tambi茅n puede alimentar explicaciones simplistas sobre el origen de la desigualdad.
Cuando la pobreza se explica principalmente como resultado de decisiones individuales —falta de esfuerzo, incapacidad personal o supuesta dependencia— desaparecen del relato factores estructurales como el empleo, los salarios, el acceso a educaci贸n, la distribuci贸n territorial de recursos, las instituciones y las pol铆ticas econ贸micas.
La representaci贸n medi谩tica puede influir indirectamente en este proceso al seleccionar qu茅 causas reciben visibilidad. Mostrar una familia buscando alimentos permite observar una consecuencia; explicar por qu茅 los precios aumentaron, por qu茅 cay贸 el empleo o c贸mo evolucionaron los ingresos permite analizar una causa.
La cobertura period铆stica de la pobreza necesita, por tanto, un equilibrio entre la dimensi贸n humana y el contexto estructural. La primera permite comprender el impacto sobre personas concretas; el segundo permite entender por qu茅 el problema existe y qu茅 pol铆ticas podr铆an modificarlo.
Fatiga de la compasi贸n y saturaci贸n de im谩genes
La estrategia basada constantemente en im谩genes de sufrimiento tambi茅n puede producir efectos contraproducentes. La investigaci贸n sobre fatiga de la compasi贸n estudia la posibilidad de que la exposici贸n repetida a problemas sociales produzca agotamiento emocional o desensibilizaci贸n.
Un estudio cl谩sico publicado en Journalism & Mass Communication Quarterly en 1996 examin贸 la comunicaci贸n medi谩tica sobre problemas sociales y encontr贸 evidencia de un fen贸meno de fatiga de la compasi贸n asociado con exposici贸n repetitiva a determinados problemas.
Investigaciones posteriores han abordado espec铆ficamente las apelaciones visuales negativas. Un estudio sobre im谩genes utilizadas para movilizar apoyo a la ayuda internacional concluy贸 que la utilizaci贸n de est铆mulos negativos puede activar compasi贸n y empat铆a, pero que la intensidad emocional tambi茅n puede generar agotamiento o bloqueo psicol贸gico.
Esto introduce una paradoja importante: una imagen de sufrimiento puede aumentar la atenci贸n en el corto plazo y, al mismo tiempo, contribuir a reducir la capacidad del p煤blico para responder emocionalmente cuando se encuentra ante una sucesi贸n interminable de situaciones similares.
La consecuencia cultural puede ser una normalizaci贸n del sufrimiento. Cuando una persona ve diariamente im谩genes de hambre, desplazamiento, pobreza, violencia y desastres, cada crisis corre el riesgo de convertirse en otra escena dentro de un flujo permanente de contenidos.
La econom铆a de la atenci贸n
Las plataformas digitales agregaron un elemento que no estaba presente con la misma intensidad en el modelo cinematogr谩fico de los a帽os setenta: la atenci贸n del usuario puede transformarse continuamente en valor econ贸mico.
El creador compite por segundos de permanencia. El video debe captar la atenci贸n r谩pidamente, mantenerla y producir una acci贸n: visualizar, comentar, compartir, seguir la cuenta o regresar posteriormente.
La investigaci贸n sobre sistemas de recomendaci贸n digitales muestra que la duraci贸n de visualizaci贸n y las interacciones participan en la personalizaci贸n de los contenidos. Esto significa que determinadas caracter铆sticas narrativas —conflicto inmediato, sorpresa, emoci贸n, transformaci贸n r谩pida o resoluci贸n espectacular— pueden adquirir importancia estrat茅gica dentro del contenido digital.
En este contexto, la pobreza puede entrar en competencia dentro del mercado de la atenci贸n. Una historia compleja sobre pol铆ticas p煤blicas necesita tiempo para ser comprendida; una escena de ayuda inmediata puede explicarse visualmente en pocos segundos.
El riesgo es que la estructura econ贸mica de las plataformas favorezca la simplificaci贸n de problemas complejos. La plataforma no necesita que el creador entienda las causas de la pobreza; necesita que el contenido consiga atenci贸n. La responsabilidad 茅tica, por tanto, no desaparece dentro del algoritmo. Se vuelve a煤n m谩s importante.
La monetizaci贸n de la vulnerabilidad
La monetizaci贸n contempor谩nea puede adoptar diferentes formas. Un contenido puede producir ingresos publicitarios, atraer patrocinadores, aumentar el valor comercial de una cuenta, generar contribuciones mediante plataformas de financiaci贸n colectiva, vender productos o aumentar la capacidad de negociaci贸n del creador.
En ese modelo, la persona vulnerable puede convertirse en el punto de entrada de toda la cadena econ贸mica. Su historia produce atenci贸n; la atenci贸n genera audiencia; la audiencia puede producir ingresos; y los ingresos pueden incrementar el alcance del creador.
Esto no significa que toda persona que graba una acci贸n solidaria act煤e con intenci贸n de explotaci贸n. La intenci贸n individual no es suficiente para determinar el car谩cter 茅tico de una representaci贸n. Un creador puede tener la intenci贸n sincera de ayudar y, simult谩neamente, producir un contenido que exponga innecesariamente la dignidad o privacidad de la persona beneficiaria.
La evaluaci贸n debe concentrarse en el modelo completo: qu茅 se muestra, c贸mo se muestra, qui茅n decide, qui茅n obtiene valor y qu茅 consecuencias puede tener la publicaci贸n.
El problema de los ni帽os y adolescentes
La representaci贸n de ni帽os en condiciones de pobreza requiere un est谩ndar particularmente elevado. Los menores pueden no comprender las consecuencias futuras de una publicaci贸n digital. Una fotograf铆a que circula durante a帽os puede ser recuperada, compartida y asociada posteriormente con la identidad de esa persona.
UNICEF establece que la cobertura period铆stica sobre ni帽os debe respetar su dignidad, privacidad y confidencialidad y reducir el riesgo de estigmatizaci贸n o da帽o.
En consecuencia, convertir a un ni帽o en protagonista de un video de pobreza exige una evaluaci贸n mucho m谩s rigurosa que la simple pregunta de si existe autorizaci贸n de un adulto. Tambi茅n debe considerarse el inter茅s superior del ni帽o, el contexto de la exposici贸n, la permanencia del contenido y la posibilidad de que la publicaci贸n produzca consecuencias posteriores.
La respuesta institucional: comunicaci贸n 茅tica
La cr铆tica a la pornomiseria ha provocado transformaciones en la comunicaci贸n de organizaciones humanitarias y de desarrollo. Bond, una red brit谩nica del sector internacional del desarrollo, public贸 en noviembre de 2024 una segunda edici贸n de sus directrices de comunicaci贸n 茅tica, tituladas Putting the people in the pictures first. El documento incorpora debates sobre dignidad, poder, colonialismo, racismo y participaci贸n de actores del llamado Majority World en la producci贸n de contenidos.
Estas directrices reflejan un cambio importante: la discusi贸n ya no se limita a preguntar si una imagen consigue recaudar dinero. Tambi茅n considera qui茅n controla la producci贸n del relato, c贸mo participa la persona representada y qu茅 efectos tiene el contenido sobre su dignidad y capacidad de acci贸n.
La Organizaci贸n Mundial de la Salud tambi茅n ha reforzado recientemente la l贸gica de accountability to affected people. Su manual publicado en 2025 busca colocar a las comunidades afectadas por emergencias en el centro de las decisiones y se帽ala que una participaci贸n activa de las poblaciones afectadas contribuye a respuestas de mayor calidad y a la preservaci贸n de su dignidad.
La evoluci贸n institucional apunta, por tanto, hacia un principio diferente al modelo tradicional: las personas afectadas no deben ser solamente objetos de asistencia o im谩genes de comunicaci贸n, sino participantes en las decisiones que afectan la manera en que son descritas, fotografiadas y representadas.
La pornomiseria y la inteligencia artificial
La inteligencia artificial generativa ha introducido una nueva fase en la historia de la representaci贸n de la pobreza. Hasta hace poco, una imagen de miseria requer铆a la existencia de una persona y un lugar reales frente a una c谩mara. Los sistemas generativos permiten producir im谩genes de personas, comunidades y escenarios que nunca existieron.
Durante 2025, investigadores y profesionales humanitarios advirtieron sobre el uso de im谩genes generadas por inteligencia artificial que representaban hambre, pobreza extrema y otras formas de sufrimiento. Una investigaci贸n difundida por The Guardian document贸 preocupaciones de especialistas acerca de im谩genes sint茅ticas asociadas con organizaciones de ayuda y plataformas de im谩genes, especialmente por la reproducci贸n de estereotipos raciales y de representaciones exageradas de 脕frica y Asia.
Este fen贸meno introduce una diferencia fundamental: la imagen puede mantener la apariencia documental sin que exista ning煤n acontecimiento fotografiado. El espectador puede observar una vivienda precaria, una familia hambrienta o un ni帽o en una situaci贸n de extrema necesidad sin saber que se trata de una escena generada artificialmente.
El problema 茅tico adquiere entonces dos dimensiones. La primera es la autenticidad: el p煤blico puede interpretar como evidencia documental algo que nunca ocurri贸. La segunda es la representaci贸n: incluso cuando nadie real aparece en la imagen, los sistemas de inteligencia artificial pueden reproducir o amplificar asociaciones estereotipadas que vinculan determinados grupos raciales o regiones geogr谩ficas con pobreza, atraso o sufrimiento.
La inteligencia artificial, por tanto, no elimina necesariamente el problema de la pornomiseria. Puede transformar su naturaleza. La c谩mara explotaba una situaci贸n real; la imagen sint茅tica puede fabricar una situaci贸n ficticia para provocar el mismo tipo de respuesta emocional.
El retorno del "salvador" en im谩genes generadas por IA
Las preocupaciones sobre la inteligencia artificial tambi茅n se relacionan con representaciones del llamado "salvador blanco". En 2025 se registraron cr铆ticas a herramientas generativas por producir escenas estereotipadas en las que personas blancas aparec铆an como proveedores de ayuda mientras ni帽os negros eran situados como receptores pasivos en ambientes de pobreza. El problema despert贸 cuestionamientos sobre sesgos raciales y reproducci贸n autom谩tica de narrativas hist贸ricas.
La importancia de este fen贸meno radica en que demuestra que los estereotipos culturales no desaparecen cuando se sustituye al fot贸grafo por una m谩quina. Los sistemas de inteligencia artificial aprenden de grandes cantidades de informaci贸n existente y pueden reproducir asociaciones previamente establecidas en la cultura visual.
Impacto econ贸mico general de la pornomiseria
El impacto econ贸mico del fen贸meno puede dividirse en varios niveles.
Primero, la captaci贸n de recursos. Las campa帽as humanitarias pueden utilizar im谩genes negativas para aumentar la atenci贸n y las donaciones. La investigaci贸n reciente confirma que existe un debate real sobre la eficacia de este tipo de comunicaci贸n y que algunas organizaciones consideran que los beneficios econ贸micos justifican su utilizaci贸n.
Segundo, la industria cultural. Una representaci贸n de pobreza puede producir valor para productores, distribuidores, festivales y plataformas cuando la marginalidad se transforma en contenido atractivo para audiencias nacionales o internacionales.
Tercero, el turismo. Los asentamientos informales pueden convertirse en destinos comercializados. Los beneficios dependen de la estructura de propiedad y de la participaci贸n econ贸mica de los residentes. La investigaci贸n disponible demuestra que el turismo de pobreza puede producir tanto oportunidades locales como conflictos de representaci贸n y distribuci贸n desigual de beneficios.
Cuarto, la econom铆a de los creadores. En las plataformas sociales, las historias de ayuda o vulnerabilidad pueden incrementar audiencia y generar valor indirecto para los creadores. La controversia sobre el kindness content muestra que el acto de entregar ayuda puede convertirse simult谩neamente en un producto medi谩tico.
Quinto, la econom铆a de la inteligencia artificial. Las im谩genes sint茅ticas reducen algunos costes de producci贸n y pueden utilizarse en campa帽as, bancos de im谩genes y material publicitario, pero crean riesgos relacionados con autenticidad, estereotipos, consentimiento y confianza p煤blica.
Impacto social y psicol贸gico
Desde el punto de vista social, los principales riesgos se concentran en la p茅rdida de agencia, la estigmatizaci贸n y la simplificaci贸n de identidades.
La evidencia experimental sobre percepci贸n de agencia constituye uno de los resultados m谩s importantes disponibles. Las personas expuestas a representaciones negativas de pobreza fueron m谩s propensas a atribuir menor capacidad de acci贸n a las personas pobres.
Esto tiene consecuencias que pueden superar el momento de la visualizaci贸n. Si una audiencia aprende a asociar pobreza con incapacidad, dependencia o pasividad, puede tener mayores dificultades para reconocer a las personas pobres como actores pol铆ticos, econ贸micos y culturales.
Tambi茅n existe la posibilidad de fatiga. Cuando la comunicaci贸n basa permanentemente la movilizaci贸n en im谩genes extremas, la audiencia puede desarrollar respuestas emocionales m谩s d茅biles. La literatura sobre fatiga de la compasi贸n y apelaciones negativas ha planteado que la saturaci贸n emocional puede producir agotamiento o bloqueo.
Impacto cultural y construcci贸n de estereotipos
El impacto cultural puede prolongarse durante d茅cadas. Una sociedad que aparece repetidamente en pel铆culas, campa帽as, noticieros y redes bajo los mismos c贸digos visuales puede terminar siendo reconocida mediante una imagen parcial.
La cultura visual es acumulativa. Una sola fotograf铆a no necesariamente construye un estereotipo; cientos o miles de im谩genes que presentan a los mismos grupos bajo condiciones semejantes pueden producir un patr贸n reconocible.
Esto es particularmente relevante para las regiones del Sur Global. Cuando las audiencias internacionales consumen una sucesi贸n de im谩genes de pobreza procedentes de una misma zona, pueden confundir la representaci贸n seleccionada por medios y organizaciones con la totalidad de la realidad social.
La consecuencia cultural m谩s grave no consiste 煤nicamente en mostrar pobreza, sino en limitar la diversidad narrativa. Una comunidad puede ser pobre y, simult谩neamente, tener m煤sica, literatura, arte, gastronom铆a, conocimientos tradicionales, organizaciones sociales, empresas, universidades, investigadores, profesionales, festividades y proyectos comunitarios. Una comunicaci贸n centrada exclusivamente en la carencia reduce esa complejidad.
El derecho a contar la propia historia
La evoluci贸n contempor谩nea del debate apunta hacia una pregunta fundamental: ¿qui茅n tiene derecho a contar la historia?
La comunicaci贸n 茅tica no exige que las personas vulnerables controlen absolutamente todas las representaciones, pero s铆 exige reconocerlas como sujetos con voz, voluntad y capacidad de decisi贸n.
Esta idea aparece en las nuevas directrices de comunicaci贸n 茅tica de organizaciones humanitarias y de desarrollo. Bond ha se帽alado la necesidad de colocar a las personas representadas en el centro de la producci贸n de im谩genes e historias y de avanzar hacia modelos de comunicaci贸n m谩s sensibles a las relaciones hist贸ricas de poder, colonialismo y racismo.
La OMS, por su parte, sostiene que las poblaciones afectadas deben tener una participaci贸n activa en las decisiones que determinan la respuesta humanitaria.
La evoluci贸n conceptual es clara: el modelo tradicional era "mostrar a los pobres"; el modelo 茅tico contempor谩neo busca "trabajar con las personas representadas y permitir que participen en la construcci贸n del relato".
Criterios para identificar una representaci贸n explotadora
A partir de la investigaci贸n disponible puede proponerse una matriz de an谩lisis que permita diferenciar la documentaci贸n leg铆tima de una representaci贸n potencialmente explotadora.
Contexto. ¿La imagen explica las causas del problema o muestra 煤nicamente el sufrimiento?
Agencia. ¿La persona aparece como sujeto capaz de actuar o exclusivamente como v铆ctima?
Participaci贸n. ¿La comunidad tuvo oportunidad de intervenir en la construcci贸n del relato?
Consentimiento. ¿Existe autorizaci贸n informada y adecuada al contexto?
Dignidad. ¿La representaci贸n evita la humillaci贸n, exposici贸n innecesaria o tratamiento degradante?
Finalidad econ贸mica. ¿La imagen genera donaciones, ingresos, seguidores, publicidad, prestigio o patrocinio?
Distribuci贸n del valor. ¿Qui茅n recibe los beneficios producidos por la representaci贸n?
Persistencia. ¿Qu茅 consecuencias puede tener la publicaci贸n dentro de cinco, diez o veinte a帽os?
Diversidad. ¿La comunidad se muestra solamente mediante pobreza o tambi茅n mediante su vida cotidiana, cultura, capacidades y aspiraciones?
Transparencia. ¿El p煤blico conoce qui茅n produjo el contenido, qui茅n financi贸 la acci贸n y c贸mo se utilizar谩n los recursos obtenidos?
Estas preguntas no convierten autom谩ticamente una obra en pornomiseria. Funcionan como instrumentos de an谩lisis para identificar relaciones desiguales de poder y posibles mecanismos de explotaci贸n.
La pornomiseria no es simplemente una cuesti贸n est茅tica
Uno de los errores m谩s frecuentes consiste en tratar la pornomiseria como un problema de mal gusto, fotograf铆a desagradable o dramatizaci贸n excesiva. El problema es mucho m谩s profundo.
La pornomiseria involucra relaciones econ贸micas, culturales, pol铆ticas y tecnol贸gicas. En el cine, se relacionaba con qui茅n controlaba la c谩mara y qui茅n obten铆a reconocimiento. En la comunicaci贸n humanitaria, se relacion贸 con la tensi贸n entre captaci贸n de fondos y representaci贸n digna. En el turismo, aparece asociada a la distribuci贸n de beneficios y al control del territorio como producto. En las redes sociales, se conecta con la econom铆a de la atenci贸n. En la inteligencia artificial, incorpora problemas de autenticidad, automatizaci贸n y reproducci贸n de estereotipos.
La evoluci贸n hist贸rica demuestra que el mecanismo no desapareci贸 con el cambio tecnol贸gico. Cambiaron las herramientas y los modelos econ贸micos, pero permaneci贸 una pregunta fundamental: ¿qu茅 ocurre cuando la vulnerabilidad humana se transforma en mercanc铆a narrativa?
De la c谩mara cinematogr谩fica al algoritmo
En 1978, Ospina y Mayolo cuestionaron la c谩mara que recorr铆a los sectores populares en busca de im谩genes de miseria. D茅cadas despu茅s, el tel茅fono m贸vil puede cumplir una funci贸n similar, pero con una diferencia radical: la imagen ya no necesita pasar por una productora o una sala de cine. Puede convertirse inmediatamente en una publicaci贸n potencialmente monetizable.
El modelo contempor谩neo puede representarse como una cadena:
Vulnerabilidad → captura de imagen → emoci贸n → interacci贸n → audiencia → monetizaci贸n → incentivo para producir m谩s contenido.
No todos los contenidos siguen esta secuencia y no todos los creadores act煤an de manera oportunista. Sin embargo, la estructura econ贸mica permite que la repetici贸n de determinados formatos sea rentable.
En ese sentido, la principal transformaci贸n hist贸rica consiste en que la explotaci贸n de la pobreza dej贸 de necesitar exclusivamente una industria cinematogr谩fica. Hoy puede producirse en el entorno dom茅stico, desde un tel茅fono m贸vil, por un individuo con acceso a una plataforma.
El futuro de la representaci贸n de la pobreza
La pr贸xima etapa de este fen贸meno estar谩 marcada por la inteligencia artificial, la automatizaci贸n de la producci贸n audiovisual y la personalizaci贸n algor铆tmica.
La IA puede abaratar la producci贸n de im谩genes, eliminar la necesidad de trasladarse f铆sicamente a determinados lugares y permitir la creaci贸n de escenas adaptadas a p煤blicos espec铆ficos. Pero precisamente por eso aumenta el riesgo de fabricaci贸n sistem谩tica de estereotipos.
El futuro problema podr铆a no consistir solamente en fotograf铆as reales de pobreza utilizadas de forma poco 茅tica, sino en millones de im谩genes sint茅ticas generadas autom谩ticamente para representar sociedades enteras mediante c贸digos de hambre, precariedad y dependencia.
La cuesti贸n adquiere una dimensi贸n a煤n mayor porque los sistemas generativos pueden contribuir a reciclar los mismos estereotipos que recibieron como datos de entrenamiento. Las im谩genes creadas por inteligencia artificial pueden, a su vez, incorporarse a nuevos repositorios y materiales digitales, aumentando la posibilidad de que determinadas representaciones vuelvan a alimentar futuros sistemas.
Una nueva 茅tica de la representaci贸n
La alternativa a la pornomiseria no consiste en ocultar la pobreza. Hacerlo ser铆a igualmente problem谩tico porque impedir铆a documentar injusticias y disminuir铆a la visibilidad de personas que necesitan atenci贸n p煤blica.
La alternativa consiste en cambiar el modelo narrativo: explicar en lugar de simplemente exhibir; contextualizar en lugar de deshumanizar; escuchar en lugar de hablar por otros; reconocer capacidades adem谩s de necesidades; y demostrar resultados sin convertir a las personas en objetos de espect谩culo.
Las directrices recientes de Bond y del Comit茅 Internacional de la Cruz Roja reflejan precisamente esta transici贸n hacia una comunicaci贸n que considera dignidad, consentimiento, participaci贸n, protecci贸n y precisi贸n como elementos centrales.
Este cambio tambi茅n beneficia a las propias organizaciones y medios. Una comunicaci贸n que ofrece contexto y participaci贸n puede producir una comprensi贸n m谩s compleja de los problemas sociales y reducir la dependencia de im谩genes cada vez m谩s extremas para conseguir atenci贸n.
Conclusi贸n: de la pornomiseria a la econom铆a de la vulnerabilidad
La historia de la pornomiseria demuestra que la representaci贸n de la pobreza nunca ha sido una cuesti贸n puramente visual. Desde la cr铆tica cinematogr谩fica planteada por Luis Ospina y Carlos Mayolo en Colombia hasta las discusiones actuales sobre comunicaci贸n humanitaria, turismo, redes sociales e inteligencia artificial, el problema central ha sido la relaci贸n entre vulnerabilidad, poder y representaci贸n.
La pornomiseria surgi贸 como una cr铆tica a un modelo cinematogr谩fico que convert铆a la marginalidad en material de espect谩culo. El concepto de poverty porn ampli贸 posteriormente el debate hacia campa帽as humanitarias que recurr铆an a im谩genes negativas para despertar compasi贸n y conseguir recursos. La evidencia experimental contempor谩nea ha demostrado que este tipo de representaci贸n puede disminuir la percepci贸n de agencia de las personas pobres.
El fen贸meno continu贸 adapt谩ndose a nuevas industrias. El turismo incorpor贸 barrios vulnerables a determinados circuitos comerciales; el volunturismo convirti贸 algunas experiencias de ayuda en productos tur铆sticos; las redes sociales transformaron los actos de solidaridad en contenidos susceptibles de generar audiencia; y la inteligencia artificial comenz贸 a producir im谩genes sint茅ticas de pobreza que pueden reproducir estereotipos incluso cuando ninguna persona real estuvo frente a una c谩mara.
El impacto econ贸mico resulta evidente porque la vulnerabilidad puede producir donaciones, ingresos tur铆sticos, publicidad, patrocinio, seguidores, prestigio institucional y valor comercial. El impacto social aparece en la p茅rdida de agencia, la estigmatizaci贸n y la posibilidad de fatiga emocional. El impacto cultural se expresa en la construcci贸n de im谩genes simplificadas sobre pa铆ses, comunidades y grupos sociales. El impacto pol铆tico aparece cuando la pobreza se representa como una sucesi贸n de tragedias individuales y desaparecen las estructuras que determinan las oportunidades y desigualdades.
Sin embargo, ser铆a incorrecto concluir que toda representaci贸n de la pobreza es explotaci贸n. La documentaci贸n de la desigualdad contin煤a siendo necesaria. El periodismo necesita mostrar realidades inc贸modas; el cine puede denunciar injusticias; las organizaciones humanitarias necesitan comunicar crisis; y las personas afectadas tienen derecho a visibilizar sus propias condiciones.
La diferencia fundamental reside en la posici贸n que ocupa la persona representada. Cuando aparece exclusivamente como objeto de compasi贸n, la comunicaci贸n corre el riesgo de reducirla. Cuando aparece como sujeto con voz, historia, capacidades y capacidad de decisi贸n, la representaci贸n puede convertirse en una herramienta de comprensi贸n social.
La pregunta central, por tanto, ya no deber铆a ser solamente "¿la imagen muestra pobreza?", sino "¿qu茅 funci贸n cumple esa pobreza dentro de la imagen, qui茅n controla el relato, qui茅n obtiene valor de 茅l y qu茅 efectos produce sobre quienes aparecen representados?"
Esa pregunta resume la transformaci贸n hist贸rica del fen贸meno. La pornomiseria de los a帽os setenta depend铆a de una c谩mara que buscaba miseria. La comunicaci贸n humanitaria posterior dependi贸 de im谩genes capaces de movilizar compasi贸n. El entorno digital a帽adi贸 la competencia por atenci贸n y monetizaci贸n. La inteligencia artificial introduce ahora la posibilidad de fabricar visualmente una pobreza que ni siquiera necesita existir frente al objetivo.
La evoluci贸n tecnol贸gica no elimin贸 la explotaci贸n de la vulnerabilidad. La hizo m谩s r谩pida, accesible y potencialmente rentable.
Frente a este escenario, una comunicaci贸n socialmente responsable no debe ocultar la pobreza, sino devolverle contexto, humanidad y agencia. La persona que aparece en una imagen no deber铆a ser reducida a su carencia. Debe ser reconocida como sujeto de derechos, miembro de una comunidad y protagonista de una historia mucho m谩s amplia que el instante de sufrimiento capturado por una c谩mara.
La verdadera transformaci贸n medi谩tica no consiste en dejar de mostrar la pobreza. Consiste en dejar de convertirla en espect谩culo.
Fuentes documentales y acad茅micas consultadas
La investigaci贸n se apoya en literatura acad茅mica, documentos institucionales, normativa colombiana y publicaciones de organismos y medios especializados. Entre las referencias centrales se encuentran los estudios de Clough, Hardacre y Muggleton sobre percepci贸n de agencia; los trabajos de Shabbir y colaboradores sobre comunicaci贸n humanitaria y captaci贸n de recursos; el estudio de Mahmoud y Nang sobre los dilemas 茅ticos de la recaudaci贸n mediante poverty porn; la revisi贸n sistem谩tica de 122 art铆culos sobre slum tourism; los documentos de Bond sobre comunicaci贸n 茅tica; las directrices del Comit茅 Internacional de la Cruz Roja; las recomendaciones de UNICEF sobre cobertura de ni帽os; el manual de la OMS sobre participaci贸n de poblaciones afectadas; la documentaci贸n oficial de Colombia sobre FOCINE y las investigaciones universitarias sobre Agarrando pueblo.
La informaci贸n sobre pobreza mundial se contrasta con el Poverty, Prosperity, and Planet Report 2024 del Banco Mundial, mientras que los desarrollos recientes relacionados con im谩genes generadas mediante inteligencia artificial fueron contrastados con documentaci贸n period铆stica publicada en 2025 y con el debate especializado sobre sesgos y representaci贸n.
