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El 24 de junio de 2024 se registró en Guarenas una jornada dedicada a la Parranda de San Juan Bautista, tradición con origen documentado en la Hacienda Casarapa entre los siglos XVIII y XIX. El documento base señala que esta manifestación afrovenezolana se consolidó en un contexto de producción de caña de azúcar y trabajo esclavizado, donde los primeros cultores desarrollaron prácticas musicales, rituales y devocionales que han sido transmitidas durante más de cien años. La celebración actual mantiene elementos estructurales de su origen, integrando música, danza, procesiones y veneración de la imagen de San Juan Bautista.
Origen histórico de la parranda en la Hacienda Casarapa
El documento indica que la Parranda de San Juan Bautista surgió en la Hacienda Casarapa, una de las principales productoras de caña de azúcar de la región mirandina durante los siglos XVIII y XIX. En este espacio trabajaban grupos de esclavizados africanos que, durante las celebraciones del velorio de la Cruz de Mayo, realizaban cantos, bailes y repiques en honor a San Juan Bautista. Estas prácticas se desarrollaban en una pequeña capilla ubicada dentro de la hacienda.
Los primeros instrumentos utilizados fueron huacales empleados como tambores, elaborados con troncos ahuecados y cuero animal. El documento señala que estas prácticas constituyen el núcleo inicial de la parranda, caracterizada por repiques continuos, cantos responsoriales y desplazamientos rituales durante la noche del 23 de junio y el amanecer del 24.
La tradición se mantuvo activa durante el siglo XIX y principios del XX, transmitida por familias vinculadas a la hacienda. En 1916, cuando los hermanos José María y Antonio Cartaya Trujillo asumieron la administración de Casarapa, la manifestación ya estaba consolidada entre los trabajadores.
Expansión de la manifestación en Guarenas desde 1936
El documento señala que en 1936 Antonio Cartaya Trujillo trajo desde Italia una imagen de San Juan Bautista tallada en madera de aproximadamente un metro de altura. Ese mismo año se fundó la capilla donde aún se resguarda la imagen. Este hecho marcó un punto de inflexión en la expansión de la parranda hacia otros sectores de Guarenas.
Cultores como Bernardino Garmendia, Rafael Pereira, Lisandra Arteaga y Pablo Gutiérrez, nacidos y formados en la Hacienda Casarapa, llevaron la manifestación al centro del pueblo. El documento indica que estos cultores aprendieron a bailar, cantar y tocar los tambores en la hacienda, lo que evidencia la continuidad de técnicas y repertorios.
A partir de la década de 1940, la parranda comenzó a replicarse en sectores como El Parque, donde cultoras como Flora Espinoza contribuyeron a su preservación. La expansión territorial consolidó la manifestación como parte de la identidad cultural de Guarenas.
Características de la imagen de San Juan Bautista
La imagen de San Juan Bautista utilizada en la parranda es una talla en madera traída desde Italia en 1936. El documento indica que su llegada respondió a una solicitud de Encarnación Guzmán, fundador de la manifestación en la hacienda, junto con Pablo Gutiérrez y otros cultores.
Durante la celebración, la imagen es transportada en un nicho decorado con flores silvestres como clavellinas y trinitarias. El cargador eleva y mece la imagen en un movimiento rítmico que acompaña el recorrido de la parranda. Este gesto constituye un elemento central del ritual, asociado a la veneración del santo.
La imagen funciona como símbolo de continuidad histórica, devoción comunitaria e identidad local. El documento señala que la UNESCO reconoció esta manifestación como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2021, lo que formaliza su valor dentro del patrimonio afrovenezolano.
Evolución de la festividad y transmisión generacional
El documento describe que la parranda ha experimentado transformaciones desde sus orígenes esclavistas hasta su consolidación como tradición comunitaria. En sus primeras etapas, la celebración se realizaba exclusivamente dentro de la hacienda, con instrumentos rudimentarios y repertorios transmitidos oralmente.
Con la llegada de la imagen en 1936, la manifestación se expandió hacia zonas urbanas de Guarenas. Cultores formados en Casarapa llevaron la tradición a nuevos espacios, integrando repertorios musicales y técnicas de tambor que se mantienen hasta la actualidad.
En la actualidad, la transmisión generacional se realiza mediante talleres impartidos por cultores como Yaritza Hernández, quien enseña a niños y jóvenes técnicas de tambor, cantos y secuencias rituales. El documento señala que también se han adaptado cantos litúrgicos al ritmo de la parranda para facilitar su aprendizaje.
Importancia económica e histórica de la Hacienda Casarapa
La Hacienda Casarapa desempeñó un papel central en la economía local durante los siglos XIX y XX. El documento indica que la pulpería de la hacienda, construida en la década de 1850, funcionaba como único espacio donde los trabajadores podían gastar su salario.
Los peones recibían su pago en fichas acuñadas por la propia hacienda, válidas únicamente dentro de la pulpería. Este sistema generaba una economía cautiva que limitaba la circulación monetaria en la región y reforzaba el control de la hacienda sobre su fuerza laboral.
La estructura económica de Casarapa influyó en la configuración social de la comunidad y en la consolidación de prácticas culturales como la parranda, que se desarrollaron en un entorno de trabajo agrícola y relaciones laborales jerarquizadas.
Simbolismo y función ritual de la imagen del santo
El documento señala que la imagen de San Juan Bautista representa devoción, continuidad histórica e identidad comunitaria. Su presencia articula la celebración y organiza el recorrido de la parranda.
Durante la procesión se lanzan caramelos y granos como símbolos de prosperidad. Este gesto se interpreta como una petición colectiva de bienestar para la comunidad. La imagen funciona como estandarte sagrado que reúne a los participantes en torno a un sistema ritual con más de cien años de continuidad.
La UNESCO reconoció esta manifestación en 2021 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, lo que confirma su valor dentro del patrimonio afrovenezolano y su relevancia en la historia cultural de Guarenas.
Síntesis analítica de la Parranda de San Juan Bautista de Casarapa
El análisis del documento evidencia que la Parranda de San Juan Bautista de Casarapa constituye una manifestación afrovenezolana con origen en prácticas esclavistas de los siglos XVIII y XIX. Su continuidad se explica por la transmisión intergeneracional, la expansión territorial desde 1936 y la preservación de repertorios musicales y rituales.
La Hacienda Casarapa funcionó como espacio de origen, consolidación y difusión de la tradición. La llegada de la imagen italiana en 1936 permitió su expansión hacia sectores urbanos de Guarenas y fortaleció su estructura ritual.
La declaratoria de la UNESCO en 2021 confirma la vigencia de esta manifestación y su importancia dentro del patrimonio cultural venezolano. La parranda continúa activa mediante procesos comunitarios de enseñanza, preservación y participación colectiva.